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Los empleados de Twitter lloraron en los baños antes de que Elon Musk se convirtiera en su CEO

Los empleados de Twitter lloraron en los baños antes de que Elon Musk se convirtiera en su CEO
Carol Vanzyl

Carol Vanzyl

En 2012, cuando Twitter alcanzó su punto más alto, los ejecutivos llamaron a la empresa “el ala de la libertad de expresión del partido de la libertad de expresión“. Esos fueron los mejores años de la red social, en los que se creía que, al permitir que todos expresaran sus opiniones sobre temas como la Primavera Árabe y el movimiento Occuppy Wall Street, existía la posibilidad de corregir los errores del capitalismo liberal y de, incluso, derrocar dictaduras. Poco sabían entonces, los futuros empleados de Twitter, que acabarían llorando en los baños ante la adquisición de la plataforma por parte de Elon Musk.

Twitter ganó popularidad y se convirtió en una de las empresas más grandes de la industria tecnológica. Y, para aquellos que estaban interesados (o trabajaban) en el periodismo, el deporte o la política, se convirtió en una obsesión que lo consumía todo. En una plataforma social que transformaba a los don nadies en alguien. En ese momento, Twitter carecía de ganancias, pero lo compensaba con su influencia.

En 2016, Donald Trump utilizó esta influencia como arma al aprovechar la propagación del odio a través de su feed. En ese momento, Bob Iger, CEO de Disney, se retiró de la oferta para adquirir Twitter, afirmando que la “suciedad” había inundado la red social. Fue entonces cuando Twitter comenzó a trabajar en la seguridad y la vigilancia de su red social, comprometiéndose a fomentar “conversaciones saludables”, y reestructuró sus políticas de moderación de contenido.

Pero ese momento enfureció a Elon Musk, y convenció al CEO de Tesla de comprar la red social. Según Musk, la empresa se acabó de corromper en 2022, cuando se vio obligada a respetar la élite de los medios liberales. Así que ¿quién mejor para que Twitter volviera a encaminarse hacia su antigua gloria?

Para Elon Musk todo tenía sentido. Sin embargo, desde que compró la empresa, los empleados de Twitter se dieron cuenta de que su concepción de la red social era muy distinta a la de todos. Despidió a miles de trabajadores, enfureció a algunos de sus seguidores más leales e implementó políticas poco meditadas. Solo parecía haber dos grupos de empleados que se mantuvieron firmes en la empresa: los mercenarios de ojos fríos que esperaban elevarse en su poder y los atrapados por la necesidad de trabajo.

Ahora, Musk se ha comido sus palabras y ha hecho lo contrario a lo que decía. Ha limitado a sus usuarios a vincularse a cuentas de Mastodon e Instagram, para evitar que los periodistas tuiteen enlaces a sus proyectos. Musk solo ha tardado tres meses en destruir gran parte de la riqueza y el valor neto de Twitter. Ha sugerido la posibilidad de que Twitter pueda declararse en bancarrota y, además, su atención en Twitter ha provocado una caída en las acciones de Tesla, lo que le ha costado 2.000 millones de dólares.

Carol Vanzyl

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