Todo lo que necesitas saber sobre el experimento psicológico de Facebook

Se ha escrito y opinado mucho sobre el experimento de Facebook. Te explicamos en qué consistió, qué es lo que debe preocuparte y qué no.

El 11 de enero de 2012, un equipo de científicos formado por Adam D.I. Kramer, Jamie E. Guillory y Jeffrey T. Hancock iniciaron un experimento de una semana de duración cuyo objetivo era comprobar si las emociones se pueden “contagiar” a través de redes sociales como Facebook, donde la comunicación se efectúa casi siempre con texto.

Los casi 700 mil usuarios que participaron en el estudio no fueron informados. Dos años después, el 25 de marzo de 2014, este estudio se publicó en una revista científica americana. Meses más tarde los periodistas lo sacaron a la luz, lo que provocó un enorme escándalo entre la opinión pública mundial. Pero ¿qué es lo que ha pasado exactamente?

Facebook manipuló la visibilidad de las noticias “emocionales”

Facebook nunca muestra todas las publicaciones de nuestros contactos, sino que selecciona las que considera más relevantes usando una fórmula llamada EdgeRank que tiene en cuenta cosas como el tipo de contenido o el parentesco, entre otros.

Los científicos del estudio, uno de los cuales trabaja en Facebook, eligieron a 689.003 usuarios de habla inglesa y modificaron la fórmula que se aplicaba a sus perfiles para que viesen publicaciones con un contenido emocional de un tipo u otro.

Los 689.003 participantes se dividieron en cuatro grupos de igual tamaño (fuente)

Así, por ejemplo, los participantes tenían una probabilidad mucho más alta o más baja de lo normal de ver noticias negativas o positivas de sus amigos. Los investigadores comprobaron luego si los participantes publicaban estados positivos o negativos.

La emoción de las publicaciones se determinó a través del programa LIWC, que analiza el texto de todas las publicaciones involucradas en busca de palabras que expresan emociones positivas o negativas (puedes probarlo tú mismo aquí).

Tú mismo puedes probar el programa LIWC usado por  los científicos de Facebook

Descubrieron que las emociones se pueden “contagiar” en Facebook

Al finalizar el experimento, los investigadores analizaron más de tres millones de publicaciones, para un total de más de 122 millones de palabras (4 millones positivas, 1,8 negativas). Fue entonces cuando los científicos se pusieron con el análisis estadístico de los datos. La hipótesis era sencilla: si las emociones se pueden contagiar a través de estados en Facebook, entonces las personas que ven menos estados positivos publican menos estados positivos, y viceversa.

Lo que encontraron los científicos es que cuando se redujo la cantidad de noticias positivas, las personas publicaban más palabras negativas y menos positivas, y viceversa, lo que les llevó a sugerir que el contagio emocional es posible incluso en redes sociales. Otro efecto es que cuando el número de noticias con emociones de cualquier tipo se redujo, las personas tendían a publicar noticias menos emocionales, lo que quizá indique que estaban menos “enganchados”.

El tipo de noticias que se consideran como “tristes” o “negativas” en el experimento

En resumen: cuando nuestros amigos publican noticias tristes, nos volvemos más tristes. Cuando publican noticias alegres, nos volvemos más alegres. Y cuando nuestros amigos publican sobre sus emociones, somos más emotivos al publicar. Cabe destacar, con todo, que los resultados de este estudio muestran que el efecto es muy suave. En palabras de Miguel A. Vadillo, investigador del University College de Londres,

Simplificando mucho las conclusiones, lo que el estudio demuestra es que las emociones se contagian fácilmente. Pero se trata de un efecto estadísticamente muy pequeño. Para que el lector se haga a la idea, el tamaño de un efecto se mide con una variable que se llama d de Cohen. Se considera que una d = 0.20 refleja un tamaño pequeño, 0.40 sería un tamaño mediano y 0.80 un tamaño grande. Pues bien, en este estudio la d era igual a 0.001…

La privacidad se respetó, pero Facebook no pidió permiso

Los científicos aplicaron técnicas para que el texto no fuese visible para ninguno de los investigadores. Por otro lado, consideraron que no hacía falta pedirle permiso a los usuarios, puesto que en el momento de darse de alta en Facebook, todos aceptan la Política de uso de datos, que da permiso a Facebook para usar los datos para “analisis y mejora”.

El punto de la política de uso de datos de Facebook que “permitió” el experimento

El consentimiento informado, que es lo que Facebook no pidió, no es más que un formulario en el que se explica el objetivo del estudio y se pregunta a la persona si acepta participar. Su uso es obligatorio en ensayos clínicos y experimentos de cualquier clase con humanos. Se trata de un requisito ético estándar en ciencia (véase la Declaración de Helsinki).

En psicología, sin embargo, pedir el consentimiento puede interferir con los resultados: sentirse observados hace que nos comportemos de manera distinta (efecto Hawthorne). Los científicos consultaron un comité ético antes de iniciar el experimento, aunque no han dado detalles, y se pone en duda que llegaran a validar éticamente el experimento.

El investigador Carlos Gómez, del Grupo Lys, que ha creado un software parecido al usado en el experimento de Facebook, explica que Facebook hubiera podido hacer las cosas de manera diferente:

Tal vez una manera adecuada de hacerlo sin influir en los resultados habría sido recordar a todos los usuarios de Facebook que sus mensajes pueden ser utilizados para realizar experimentos de carácter científico. […] Si este anuncio se hubiese realizado a todos los millones de usuarios de Facebook con un mes de antelación, dudo que hubiese alterado los resultados del estudio. En cualquier caso, de los errores se aprende y espero que Facebook y otras redes sociales se tomen más en serio estos asuntos de cara al futuro.

Es un tipo de experimento muy común en ciencias sociales

El contagio emocional no es un virus ni tampoco una técnica de guerra psicológica, sino un fenómeno muy estudiado desde hace décadas, y que describe esos momentos en los que las emociones de dos individuos convergen. Una duda frecuente es si puede pasar también en Internet, sin ver rostros ni tampoco gestos; de ahí el experimento de Kramer y compañía.

Un ejemplo de contagio de felicidad en Facebook. Parece ser que le alegré el día a Iván…

El tipo de experimento realizado por Facebook es típico en ciencias sociales, donde grupos de personas se asignan al azar a grupos en los que se manipula determinado aspecto o estímulo del ambiente. En este sentido, Facebook no ha manipulado directamente a ningún ser humano, y el efecto en las emociones apenas ha sido significativo.

Este experimento difiere de lo que suele ser normal en psicología por un hecho fundamental, que es el haber usado una red social como Facebook para llevar a cabo las pruebas y recoger datos. El número de sujetos (casi 700.000) es muchísimo más grande que el que suele emplearse en la mayoría de experimentos psicológicos.

Qué puedes hacer tú para no ser una cobaya en Internet

Cuando usas aplicaciones debes ser consciente de que todo lo que publicas puede ser usado para mejorar el servicio o llevar a cabo experimentos como el que acabamos de explicar. El mero hecho de recopilar estadísticas de visitas y modificar una página es muy similar en esencia a lo que se ha hecho en el experimento que acabamos de reseñar.

En este sentido, todas las apps quieren recopilar datos para mejorar el servicio, pero no todas preguntan si vamos a permitirlo. Es un trato que debes aceptar o rechazar en cada caso. Muchas de las mejoras que ves en Facebook, Twitter, Google y tus apps favoritas son el fruto de un análisis de los “me gusta” que haces y de lo que compartes con tus contactos.

Tú eliges si quieres seguir en un servicio que puede usar tus datos a voluntad

Como recomendación general, comprueba las políticas de datos y de privacidad de tus apps favoritas para ver si estás autorizando el uso de tus datos para llevar a cabo investigaciones o análisis de datos. En algunos casos puedes optar por no ceder tus datos, pero esa opción solo está presente en algunas aplicaciones.

Por otro lado, mantente informado. Los cambios en las políticas de datos de las aplicaciones están al orden de día, y aunque puedan parecer asuntos aburridos, son contratos cuyas consecuencias para tu privacidad pueden ser muy importantes. Así pues, lee, infórmate y, llegado el caso, decide si quedarte o irte.

Si quieres irte, lee los 7 preparativos antes de cerrar tu cuenta Facebook

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