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Análisis de Stormland: El sandbox VR revolucionario de Insomniac

Daniel Caceres

Publicado

El contenedor con el arma de nivel 5 se encuentra en medio de una base infestada de enemigos robóticos. ¿Entrar de frente al estilo Rambo? Imposible con la poca munición que me queda. ¿Y qué tal una entrada sigilosa por detrás? Escalo un risco cercano y activo el visor para observar esa posibilidad. Nada: hay torretas vigilando por esa parte. Un momento… esa torre al lado de la base enemiga me da una idea. Me dirijo al taller que se encuentra en la isla anexa, creo un rifle francotirador, regreso y planeo con cuidado, sujetándome a árboles y edificios, hasta llegar a la torre en cuestión. La escalo y, desde esa posición, empiezo a liquidar a los enemigos con el francotirador. La estrategia funciona y el arma dentro de ese contenedor ya está a buen recaudo en mi inventario.

De haber tenido mejores armas o munición, habría entrado a lo Rambo y habría usado mi escudo a modo de cobertura temporal. De haber tenido granadas EMP, las habría lanzado a las torretas para inutilizarlas y sorprender al enemigo por la retaguardia. De haber desbloqueado la habilidad de invisibilidad, me habría acercado lo suficiente a los robots como para desactivarles sigilosamente la vida. De haber jugado con otra persona en cooperativo…

Stormland es el Far Cry de los juegos VR. La mayor parte del tiempo te lo pasas asaltando bases enemigas y para hacerlo cuentas con una libertad ambiciosa que nunca antes he visto en el panorama VR. Puedes planear, escalar cualquier estructura, tienes diferentes tipos de láseres, un escáner la mar de completo, granadas, escopetas, habilidades que pueden convertir tus armas inservibles en explosivos de último recurso… Y, para rematar, cuentas con un multijugador cooperativo opcional bien integrado en el juego. Pero eso no significa que nos encontremos ante un Far Cry tuneado y punto.

La nueva propuesta de Insomniac empieza a despuntar del resto de sandbox con su premisa narrativa, inusual y misteriosa a la vez. Se trata de una historia de ciencia-ficción en la que encarnamos a Vesper, un robot amnésico que despierta en un campamento destrozado. ¿Qué ha ocurrido? ¿En qué planeta se encuentra? ¿Dónde están sus compañeros? ¿Y los humanos, qué ha pasado con ellos? Los enigmas y correspondiente desfile de respuestas te incentivan a avanzar en las primeras horas de tutorial, donde tus opciones están más limitadas.

El planeta alienígena en el que transcurre Stormland está compuesto por estratos, niveles verticales. A su vez, cada nivel se estructura en islas de mayor o menor tamaño repartidas por un mar de nubes. No olvidarás la primera vez que saltarás hacia estas nubes, la primera vez que los cohetes en tus pies se activen y puedas surcar el cielo medio patinando medio volando, con los brazos extendidos hacia adelante al estilo Superman. Las primeras veces que frenes sentirás en tus piernas la inercia y seguramente que te echarás instintivamente hacia adelante.

El diseño de los mapas abiertos de Stormland es de los mejores que he visto este año. Cada isla ha sido creada para aprovechar la otra gran función del juego: tu habilidad de poder sujetarte a casi cualquier superficie. Puedes escalar prácticamente todo, impulsarte para acelerar el viaje, saltar desde una pared hasta un árbol, utilizar tus propulsores para aterrizar donde tenías planeado… Y en cuanto a combate, te permite estar sujeto con una mano y disparar con la otra; he improvisado muchas coberturas con este sistema y en otras situaciones me he sentido como un Depredador robótico, acechando a mis presas desde los arboles con escopeta en ristre.

Tienes motivos para explorar más allá de enfrentarte a enemigos. Recorrer cada isla de punta a punta te ayudará a recopilar los tres recursos esenciales. Por un lado, puedes recopilar una aleación de metal única en el planeta para crear armas, granadas, munición… Luego, recolectar los Brotes Aeon (encontrando uno directamente o subiendo su medidor recogiendo frutas especiales) te permite desbloquear habilidades como convertir tus armas inutilizadas en explosivos, saltar más alto, planear por más tiempo… Finalmente, puedes obtener puntos de crecimiento, útiles para desbloquear poderes permanentes, un tipo de poder que cobra sentido una vez entiendes por qué la campaña es tan corta.

La campaña de Stormland es solo una presentación, una introducción, al ciclo de contenido que nos propone Insomniac. Cada semana, Stormland introducirá tres nuestros estratos y una torre de control de la Tempestad a modo de meta final. Tenemos siete días para conquistar la torre, de lo contrario perderemos nuestra oportunidad ya que aparecerán tres niveles nuevos. Si terminas un ciclo a tiempo, todo tu progreso en cuanto a habilidades, esquemas de armas… se reiniciará. A cambio recibirás puntos de crecimiento que puedes invertir en nuevas habilidades que sí tendrás de forma permanente. Es como una versión acelerada de otros juegos de looteo como Diablo o Destiny.

Aún es demasiado pronto para comprobar la efectividad de este ciclo semanal de contenido, pero en la práctica nos permitirá comprobar y experimentar builds nuevas.

Pasar de asaltar una base enemiga en Far Cry con mi mando de Play a asaltar una base enemiga en Stormland con mis manos ha sido un salto enorme, como ascender de un estrato a otro. Es más preciso, más flexible, más inmersivo. Y la primera vez que puedes observar un estrato desde una posición elevada, sabiendo que todas esas islas son explorables, es una sensación inolvidable. Ayuda que detrás este una experta en el movimiento de desplazamiento ágil y dinámico como Insomniac, la que redefinió Spider-Man el año pasado. En este sentido, Stormland ha dejado el listón muy arriba para los juegos más tradicionales e incluso para otros títulos RV.

A nivel técnico, Stormland impresiona en más de un sentido. Por un lado, sus tiempos de carga no solo son rápidos, sino que, una vez has llegado a un estrato, son inexistentes. A nivel gráfico, el juego está preparado para explotar su naturaleza como sandbox: el visón de distancia es enorme, las texturas son impresionantes y a la vez no tan detalladas como otras experiencias más lineales (para que no explote nuestro ordenador)…

Uno de los pocos problemas de Stormland lo encontramos en su combate. Los controles no son tan precisos como otros juegos VR como Onward y compañía; en ocasiones he acabado rompiendo una de mis armas principales cuando solo quería recargarla, o he tenido problemas de apuntado porque el juego detecta que el enemigo está bajo cubierto cuando algunas de sus partes están expuestas. Y, hablando de enemigos, me hubiera gustado que su IA hubiera sido más difícil de batir.

Stormland es, sobretodo, un juego para ser disfrutado en dosis cortas. Por dos motivos. El primero de ellos es su ritmo intenso. La velocidad con la que se sucede todo, y el hecho de que debe ser jugado con locomoción, provoca que a la hora o así acabara cansado (y sediento). El segundo motivo es que sus misiones suelen presentar el mismo esquema y jugar demasiado rato dará la sensación de que estamos haciendo siempre lo mismo. Pero no pasa nada ya que Insomniac no ha planteado Stormland como otro Asgard´s Wrath; no estamos ente otro juego AAA al que dedicarle sesiones largas y continuas durante dos semanas o así hasta terminarlo. No.

Stormland ha sido creado para quedarse un buen rato en tu Oculus, para ser jugado en pequeñas dosis, sí, pero durante meses. Aún es pronto para saber si el ciclo de nuevo contenido que ha creado Insomniac es efectivo o no, pero la fórmula básica de Stormland ya garantiza que al menos hasta lo que queda de año voy a seguir subiendo estratos y probando nuevas formas de emboscar a mis enemigos. Hasta la fecha, no encontrarás en Oculus Rift un AAA tan variado, abierto y repleto de experimentación como este.

Stormland está disponible desde el 14 de noviembre para Oculus Rift.

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