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Análisis de Song of Horror: El primer gran juego de terror de la década

Song of Horror es uno de los mejores juegos de terror de los últimos años. En noviembre de 2019, cuando reseñé las dos primeras entregas, mis impresiones fueron positivas, pero prefería esperar a completar la saga al completo para comprobar si sus novedades se sustentaban. Pues bien, no sólo aguantan sino que ahora me costará volver a otros títulos del género; hacía tiempo que no sufría tanto.

Song of Horror apareció en Halloween del año pasado en forma de aventura episódica, aunque ahora puedes comprar el juego completo si así lo prefieres. Es un juego de terror moderno pero con raíces clásicas, tanto en el mundo de los videojuegos como en el mundo literario. Por un lado, tenemos múltiples personajes controlables (como en Alone in the Dark), cámaras fijas como en Resident Evil, acertijos complicados y una amenaza temible que recuerda un poco a Silent Hill. En el lado literario, tenemos descensos hacia la locura, amenazas primigenias y mansiones encantadas, al más puro estilo Poe, Lovecraft y M.R. James, respectivamente. Con este batiburrillo de influencias, es normal pensar que Song of Horror será 0% original. Al contrario: esta aventura tiene suficientes ingredientes únicos que la convierten en una nueva referencia.

Por ejemplo, aunque puedes elegir personajes y vivir diferentes experiencias, como en los Alone in the Dark de antaño, Song of Horror va más allá e introduce muerte permanente para sus protagonistas. Si el héroe o heroína que estás controlando cae a manos del terror, ya está, despídete del personaje porque no lo verás más, ni a él o a ella ni sus habilidades que podrían haberte ido bien más adelante. Si muere todo el plantel antes del final… se acabó, tendrás que volver a empezar.

Esta mecánica me produjo mucha tensión cuando probé el primer par de episodios. Al principio no me lo tomé en serio. Creí que quizás, siendo muy pesimista, se me moriría el primer personaje y poca cosa más. Pero de repente ya iba por el tercer personaje (de cuatro). Esa valentía ignorante se evaporó y me poseyó un miedo nervioso y tembloroso.

La buena (o mala) noticia es que esta tensión no sólo sigue en siguientes episodios sino que se acumula. Los episodios 2 y 3 añaden suficientes personajes nuevos / vidas extras como para sentirte aliviado al ver tu plantel renovarse. Pero los dos episodios finales hacen algo muy inteligente: añadir muy pocos personajes al plantel. Teniendo en cuenta que la dificultad de estos dos últimos episodios es brutal (el quinto es un no parar de sustos y gritos), el clímax de Song of Horror es lo más cercano a una pesadilla virtual. Tras acabar la aventura, exhalé el mayor suspiro del universo.

Estos personajes no solo son vidas extras. Cada uno tiene su trasfondo, su motivación, sus fortalezas y sus fobias. Añaden mucha rejugabilidad a Song of Horror. Además, conforme avanza la investigación descubres más cosas sobre ellos, te acabas encariñando y jugarás con más precaución para que no mueran por tu culpa.

El segundo gran as bajo la manga de Song of Horror tiene el genial nombre de la Presencia. Se trata de una IA tan dinámica como impredecible que deja en cueros tanto al Mr. X de Resident Evil 2 Remake como al reciente de Némesis de RE 3 Remake. No hay enemigos al uso en Song of Horror sino que te enfrentas a una fuerza extraña, sobrenatural, que bien podría haber salido en algún relato lovecraftiano.

La Presencia se manifiesta de dos formas: con sustos que no afectan a la jugabilidad, pero sí a tu pobre corazón, y con secuencias no-guionizados en donde sí que tienes el control y, si fracasas, reducirá la cordura de tu personaje. Para ambos casos, la IA parece aprender e intentar descubrir cómo asustarte.

Cada personaje tiene su arma, objeto o habilidad para vencer a la Presencia, pero todos comparten un recurso común y básico: los oídos.

Antes de abrir ciertas puertas, podrás pegar tu oreja para tratar de descubrir si la Presencia se oculta al otro lado. Es una mecánica que requiere paciencia y calma. Aunque parezca muy simple de usar, he pecado de olvidarme de ella en momentos que tenía prisa, o en los que temía estar siendo perseguido. Lo he pagado muy caro.

Hace medio año, consideré la Presencia un enemigo aterrador. Ahora, lo he elevado a uno de los mejores monstruos del género. Su letalidad aumenta episodio en episodio. Las estrategias que te funcionaban en el episodio 1 apenas te funcionarán en el episodio 2 y serán historia en el episodio 3. Y lo que aprendas en el episodio 2 casi de nada te servirá en el episodio 4. Por curiosidad, volví a empezar el juego tras acabarlo para comprobar si realmente la Presencia es aleatoria. Confirmo: aunque siempre hará lo mismo en cada partida, el momento, la forma y la intensidad siempre son diferentes.

Pero la Presencia no solo funciona a nivel jugable; es una genial adaptación del terror literario clásico. Es un misterio reptante, imposible de entender, que hace contigo lo que le place. Juega contigo de la misma forma que los Primigenios jugaban con Henry Armitage, Randolph Carter u otros personajes de Lovecraft.

Finalmente, Song of Horror supera la gran prueba de todo juego episódico: la calidad se mantiene hasta el final. Con este tipo de juegos, siempre existe el miedo de que los últimos episodios sean más cortos, o se noten las prisas de la desarrolladora. Song of Horror se ríe de estos miedos. Cada episodio tiene nuevas mecánicas, localizaciones, personajes… y la conclusión, que ocurre en un manicomio genialmente recreado, es memorable y emocionante.

Espero que Song of Horror sea el Amnesia de esta nueva década. Deseo que los próximos juegos de miedo tomen nota de esta tremenda aventura, que exploren o potencien la idea de personajes realmente mortales o amenazas realmente impredecibles. Mi corazón no lo agradecerá, pero mi ansia enfermiza por asustarme estará encantada.

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