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Análisis de Maneater: Experimenta la sensación de ser una máquina de matar acuática

Maneater es un juego de acción en mundo abierto, con ciertos toques de rol, en el que controlarás a un tiburón con sed de venganza. Es el Saint’s Row de los juegos protagonizados por animales: en un rato estarás lanzando rayos eléctricos a otros tiburones que te están persiguiendo, para luego dar un gran salto a la superficie y cargarte unos cuantos barcos, y luego rematarás la jugada emergiendo en un campo de golf para acabar con unos cuantos humanos. Es una aventura divertida, frenética, absurda y, por desgracia, corta.

Tu misión es Maneater es sencilla: cargarte al cazador de tiburones que mató a tu madre. La aventura se narra como si fuera un documental moderno, de estos que pasan por Mega o Neox. Hay un narrador la mar de irónico, entrevistas a testigos de las andanzas del tiburón, hashtags, cortes televisivos… Es una presentación que ayuda a ponerte en situación y hacerte a la idea de que nada de lo que vivirás en el juego es serio o riguroso.

Solo hay que ver las habilidades o evoluciones que adquirirá el tiburón a lo largo del juego. Puedes añadir una nueva hilera de mandíbulas, electrocutar al personal, cubrirte con una mega-coraza… Todo esto mientras aumentas de tamaño hasta convertirte en una especie de evolución del Megalodon.

Controlar a un tiburón es más fácil de lo que parece. El juego enseña enseguida cómo esquivar, arremeter, morder, saltar… Maneater además cuenta con un buen sistema de cámara que sigue correctamente a tus presas, o a tus atacantes inesperados, para que te sea fácil alcanzarles. Moverse bajo el agua también es fácil e intuitivo, todo un logro teniendo en cuenta que los niveles acuáticos de otros juegos suelen ser un embrollo debido a la dificultad de plasmar la sensación de desplazarse en este medio tan peculiar.

El sistema de crecimiento del tiburón recuerda mucho a Pac-Man: básicamente tienes que recorrer los múltiples niveles abiertos buscando animales, humanos o vehículos de nivel inferior al tuyo, acabar con ellos / devorarlos, y hacerte así más fuerte. En este sentido, las misiones principales no son muy variadas (mata esto, destruye aquello), pero las tareas opcionales sí que son divertidas y variadas. Por norma general, te incentivan explorar cada zona para descubrir su fauna y secretos.

Es posible que al pensar en Maneater, te imagines que todos los niveles ocurran en alta mar o en playas. Aunque hay zonas así, existen localizaciones sorprendentes como un pantano repleto de caimanes, el ya mencionado campo de golf o el acuario. Aunque las misiones se repitan, el descubrir nuevos parajes tan variopintos te incentiva a seguir jugando… hasta que de repente el juego acaba.

Maneater es un juego corto; la aventura te durará unas 15 horas si decides explorar un poco. Que un juego dure poco no es algo malo de por sí, pero en este caso sí que lo es porque esta quincena de horas no son suficientes para explotar al máximo el aspecto evolutivo. Los poderes, habilidades y mejoras del tiburón saben a poco, da la sensación de que podríamos haber tenido poderes más alocados o estrafalarios.

La buena noticia es que, pese a su corta duración, Maneater logra darte la sensación de ser la máquina de matar imparable que normalmente es la amenaza de los juegos. Antes de conseguir la habilidad de poder caminar un rato por la superficie, eres el caos acuático, un ser de destrucción imparable. Cuando consigues esa habilidad, el juego casi pasa a “modo fácil”. Eres brutal, salvaje. Casi imparable. La clave es “casi”.

De una forma muy acertada, Maneater introduce un sistema de alerta, similar al de GTA. Cuando llevas una racha de muertes imposible, este sistema se activa y de repente aparecerán muchos cazadores de tiburones por la zona. No tienes más remedio que esconderte bajo las aguas durante un rato para evitar ser asediado. Es una buena forma de evitar que la aventura sea demasiado sencilla, y además añade tensión y momentos imprevisibles.

Como reto adicional, existe un sistema de rangos paralelo que va desbloqueando cazadores de tiburones más duros de pelar. Acabar con ellos, o evitar que ellos acaben contigo, es una delicia. De nuevo, te dan ganas de más retos secundarios de este estilo.

Si siempre has temido los niveles acuáticos de otros juegos, por temor de enfrentarte a tiburones y similares, Maneater puede ser el juego terapéutico que no sabías que necesitabas. Conviértete en aquello que más temes y experimenta la diversión de ser exageradamente imparable. Dura poco, cierto, pero la aventura es divertida, variada y catártica. Maneater tiene todas las bases para convertirse en una franquicia modesta pero alocada, una especie de Far Cry o Saint’s Row pero con dientes de acero y aleta eléctrica en lugar de bazookas o granadas.

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