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¿Por qué queremos ser el tipo malo en los videojuegos?

María López

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La moralidad es un concepto que los videojuegos nos han permitido explorar a fondo debido a su naturaleza inmersiva. Si bien en nuestra vida diaria nos regimos por unos valores éticos concretos, esto puede llegar a cambiar a la hora de coger un mando. Aquí, nuestro verdadero ser sale a relucir. ¿O no?

Los videojuegos poseen una característica especial que les diferencia de otras formas de ocio electrónico: la toma de control. Aquí, dejamos de ser meros espectadores para convertirnos en una pieza clave y necesaria para poder avanzar dentro del mismo. Sea cual sea el género en el que te adentres, todo funciona en base al jugador y a su toma de decisiones.

¿Por qué queremos ser el tipo malo en los videojuegos?

Sin embargo, al adentrarnos en un mundo virtual donde las consecuencias no tienen una repercusión real, todo cambia. Asesinar, pegar, quemar cosas… acciones que para muchos serían inconcebibles realizarlas en el mundo real, se han convertido en la norma dentro del videojuego.

Juegos como Fallout, Mass Effect o Undertale tienen en común una cosa: nos dan la posibilidad de forjar la moralidad de nuestro personaje. Nosotros como jugadores, participamos en la fantasía que nos ofrece el videojuego y experimentamos con diferentes formas de resolver los dilemas morales que se nos presentan. Además, la reversibilidad de estos dilemas hace que podamos probar diferentes caminos y experimentar libremente.

Los videojuegos y la moralidad

Gracias a esto, los videojuegos nos hacen vivir de una forma que, en muchas ocasiones, no podríamos replicar en la vida real. GTA V es un buen ejemplo de ello: aquí robamos coches, matamos personas, conducimos vehículos a grandes velocidades y cometemos todo tipo de ilegalidades (además de usar trampas y trucos). Sin embargo, disfrutar de este tipo de títulos no quiere decir que seamos malas personas, ¿no?

Pues no, no eres peor persona por disfrutar de juegos como GTA, Call of Duty o similares. Según Ramón Moscardi, la desvinculación moral permite que la moralidad de un individuo sea flexible y se adapte en las situaciones donde estos códigos estén en conflicto. La condición es que el comportamiento siempre se debe llevar a cabo en un escenario virtual. En resumen, podríamos decir que ser mala persona en un videojuego no cuenta ya que se da dentro de un mundo que no existe.

De hecho, según Marcus Schulzke (estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Nueva York y Albania) “el mero hecho de que se presenten oportunidades de actuar de forma moral o inmoral, puede […] hacer que los jugadores sea más sabios y sensibles a los dilemas del mundo real“.

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