Análisis Xbox One: Crimson Dragon

Crimson Dragon es uno de los primeros juegos de lanzamiento de Xbox One, pero que en sus inicios fue concebido para Xbox 360 y Kinect (incluso se publicó una demo en el Bazar de Japón que desapareció a las pocas horas). Crimson Dragon tuvo un desarrollo tortuoso para 360 y, cuando parecía que se iba a cancelar, alguien de Microsoft decidió a pasarlo a la nueva generación. El cambio no solo mejora el apartado gráfico, también quita el control con Kinect que era obligatorio y amplía la experiencia lo máximo posible. Veamos si este difícil viaje ha merecido la pena.

A lomos de tu propio dragón

Crimson Dragon es el sucesor espiritual de una saga llamada Panzer Dragoon. Es un juego que se desarrolla como si fuera un matamarcianos, cuyas misiones son principalmente eliminar enemigos -bichos raros y dragones- a lomos de tu propio dragón. Necesitas mejorar a tu montura para seguir superando misiones, por lo que conforme avanzas desbloqueas nuevos dragones que querrás comprar y diferentes habilidades que se representan en forma de alimentos para el animal. Cada dragón es diferente y hay varias clases diferentes (fuego, viento, etc.) que repercute en sus habilidades y posterior rendimiento en batalla.

Participar en misiones cuesta dinero, de hecho todo cuesta dinero: cada vida gastada, habilidades, dragones, alimentos, compañeros… se convierte en una obsesión maximizar el beneficio de cada incursión. Perder una misión implica, de un modo u otro, perder también dinero aunque por suerte siempre puedes repetir misiones anteriores y acumular riqueza para seguir avanzando. Estos repasos te servirán además para desbloquear nuevos objetos que no pudiste conseguir la primera vez.

De todos modos, lo interesante es cómo se desarrolla cada una de las misiones, que se dividen en subsecciones con su propio objetivo al estilo “matar a todos los enemigos”, “acaba con X dragón”, “recoge las balizas”, etc. Aunque el sistema funciona relativamente bien no es nada variado y al final termina siendo bastante repetitivo.

El mundo de Crimson Dragon no es tan detallado como en otros juegos de la franquicia, ni tampoco es tan variado. Muchas misiones repiten escenario aunque con ligeras diferencias en el camino que se recorre. La sensación que deja es que no se ha aprovechado para nada las posibilidades del concepto de juego, en general, y de las ideas de la franquicia en particular.

Control con herencia Kinect

Crimson Dragon ha cambiado bastante desde su primera versión en Xbox 360 pero aun arrastra esa base original de Kinect que repercute principalmente en el control.

En el juego todo es muy automático. Las misiones se desarrollan “sobre raíles”, es decir que el camino está marcado y los dragones vuelan en una dirección prefijada. Mientras que en los anteriores Panzer Dragoon podías mirar hacia todos los lados libremente (de hecho los enemigos te atacaban desde todos los ángulos), ahora en Crimson Dragon incluso la cámara está dirigida. Han matado, por así decirlo, una pieza fundamental de la jugabilidad de la saga.

Lo que sí puedes hacer es mover tu dragón por la pantalla, para atacar o esquivar. Algo que es más fácil decir que de hacer. En Crimson Dragon el control no está bien ajustado a lo que debería ser un juego de esencia shoot’em up. Se ha dividido el control del dragón y la mirilla de apuntar en los dos sticks analógicos, y esto exige un esfuerzo de coordinación considerable. Es como mover dos personajes a la vez.

En muy contadas ocasiones el juego activa un “modo de libre movimiento”, especialmente con los jefes finales. En este modo puedes manejar al dragón por donde quieras pero siempre alrededor del jefe de marras. El control falla muchísimo en este modo libre, y si ya es difícil ir en línea recta, imagínate lo complicado que es apuntar y disparar a los objetivos.

A todo esto súmale un movimiento de cámara demasiado rápido e impredecible -que repercute en tu precisión para apuntar, disparar y esquivar- y obtienes un combo de jugabilidad poco satisfactoria. En Crimson Dragon avanzas y superas las misiones, sí, pero nunca sientes que ha sido porque hayas jugado bien. Ese es quizá el gran defecto de esta aventura de nueva generación.

Diseño artístico espectacular

Al ser un juego readaptado de la generación anterior, y cuyo desarrollo se remonta a como mínimo tres años atrás, el resultado visual no es tan impresionante como esperas. El cambio a Xbox One aporta más resolución y una suavidad de animaciones espectacular, sí, y también hay muchos enemigos en pantalla y los escenarios son muy grandes. Pero sigue siendo un juego de esta generación, solo que más bonito.

Los dragones son los protagonistas, tanto los nuestros como los enemigos. El diseño artístico del juego es magnífico y desborda una imaginación brutal. Es lo mejor de Crimson Dragon y siempre ha sido pieza fundamental de la franquicia.

La música es potente y adictiva, pero los temas son demasiado cortos y tienden a repetirse en exceso.

Conclusiones

Crimson Dragon es heredero de la saga Panzer Dragoon pero cambia muchas cosas respecto a la clásica jugabilidad de los Panzer y, por desgracia, no para bien. El control es una tortura y culpable principal de que no te diviertas jugando. Por otro lado, bajo la superficie quedan trazas de lo que en un primer momento fuera un “juego Kinect”.

Pero que quede claro, todos estos problemas no parecen ser la consecuencia directa de trasladar Crimson Dragon a Xbox One, sino que son un fallo de diseño en sus inicios. El equipo de desarrollo debería haberse quedado con la jugabilidad más pura de la franquicia, cuyo máximo exponente fue Panzer Dragoon Orta de la primera Xbox. De haber sido así, Crimson Dragon habría sido toda una referencia en el género.

Puntuación: 6

Disponible en: Solo en Xbox One

Cargando comentarios