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Del videojuego a la pantalla: cómo va cambiando (por fin) la dinámica negativa

Nacho Requena Molina

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Nos hemos llevado mucho tiempo diciendo una misma frase: “No hay ni una película basada en un videojuego que sea buena”. Sí, esto quizás era bastante categórico, pero razón no faltaba: la realidad es que las adaptaciones de videojuegos a la gran o pequeña pantalla han sido, por lo general, bastante mediocres, por no decir malas.

No es que fallara un campo en concreto, eran todas las partes sumadas entre sí lo que protagonizaba dicho fracaso. Un presupuesto irregular que deslucía algunas áreas (por muy buenos que fueran los actores), un guión malísimo, un fatídico montaje y un largo etcétera donde también aparecía el no saber captar “la esencia”.

Del videojuego a la pantalla: cómo va cambiando (por fin) la dinámica negativa

Qué es la esencia, ¿verdad? Eso nos preguntamos todos cuando hablamos de series, cine y videojuegos. Por esencia solemos hacer alusión a las características que tiene una licencia en particular. Un buen ejemplo para verlo es Mario, el personaje de Nintendo. Si tomamos la cinta de Super Mario Bros de 1993, donde actores “de carne y hueso” hacen acto de presencia y no vemos nada de lo que caracteriza a Mario o Luigi en los videojuegos, pues es normal que nos rechine, que nos falte esa “esencia”. Ocurre igual con Street Fighter, la de 1994. En cambio, si echamos un vistazo a la próxima producción de Universal (2023) de Mario, aquí sí se ve esa alma.

Esto no va de que Mario salga de una tubería, pueda conducir un minikart como en Mario Kart, etc., sino que tiene más que ver con respetar unas señas de identidad con aquello que se trata.

Pongamos otro ejemplo: Arcane. La serie de televisión basada en el videojuego League of Legends fue uno de los grandes éxitos de 2021, hasta tal punto que los animadores profesionales la consideran la cima de la animación en ese estilo ahora mismo. ¿Cuál es la “esencia” del LoL? Hablamos de un videojuego donde cinco jugadores se pegan contra otros cinco jugadores para reventar la base rival. La historia de cada campeón que podemos seleccionar está ahí, sí, pero es más un trasfondo que una finalidad real: al jugador le interesa qué habilidades tiene y cómo rinde en cada línea del mapa.

A pesar de ello, la gente de Fortiche Production (junto a Riot Games) ha sabido hacer una de las mejores series de animación de los últimos años, con una historia que toma aquello que le interesa del videojuego y le da forma. Al final, la esencia, quizás, no es más que el “respeto” hacia la obra original.

A la vuelta de la esquina tenemos la serie de la HBO de The Last of Us, de la que ya se han visto algunos pasajes que son familiares al del videojuego, pero por otro lado hay metraje que ampliará dicha historia. Sin embargo, se ve que detrás de cada plano hay ese “mimo”, ese “respeto”. Esa “esencia”.

Que todo esto venga desde el momento en el que el videojuego está tomando más validación cultural que nunca no es casualidad. Conforme pasan los años, más directores, escritores, animadores, etc., se han criado con videojuegos, lo que provoca que la percepción hacia ellos sea positiva. Y partiendo de ese respeto es normal que la dinámica negativa de adaptaciones siga cambiando. Eso sí, siempre hay “pero”, y si no que se lo pregunten a la última de Resident Evil

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