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La toxicidad en redes: cómo Twitter no va a combatirla

Nacho Requena Molina

Publicado

El anonimato en Internet posee una larga retahíla de buenas “cosas” tras de sí. Nos permite poder comentar sin saber quiénes somos, navegar sin desvelar información sobre nosotros mismos y estar seguros. Sin embargo, esto tiene una doble punta: también se puede usar de manera muy perjudicial y empañar toda la experiencia para otros usuarios.

No cabe duda de que la toxicidad en las redes sociales se está convirtiendo en uno de los grandes problemas de nuestra era. Y sí, aquí juega un importante papel el anonimato. El hecho de poder estar detrás de un teclado, con un seudónimo y decir lo que se quiera sin tener consecuencias reales es un error de base, entre lo que se incluye también transmitir información falsa. ¿Pero qué hacen las redes sociales para combatirlo?

La toxicidad en redes: cómo Twitter no va a combatirla

El último paso en este sentido lo ha dado Twitter. Eso sí, para mal. En lugar de seguir sumando herramientas para hacer frente a esta problemática, Elon Musk, nuevo propietario de la red social como bien sabrás ya, ha cambiado las normas de uso de la plataforma: ahora se podrá transmitir información falsa sin ningún tipo de problema. Literalmente.

Da igual que el perfil sea anónimo y que comparta una información que no es veraz: Twitter la va a permitir bajo el paraguas de la “libertad de expresión“. Esto es un gravísimo fallo, ya que escudarse en la libertad de discurso para transmitir ideas que son falsas a sabiendas puede acarrear serios peligros, entre los que se incluyen consecuencias penales.

A su vez, esto, al final, nos lleva a tocar la famosa “paradoja de la tolerancia” del filósofo Karl Popper. Esta afirmación del pensador austriaco se suele utilizar mal, ya que se argumenta que hay que prohibir el discurso intolerante, pero hace referencia, en realidad, a que hay que censurarlo cuando este recurre a las manos, es decir, a cuando el intolerante utiliza la fuerza y no el debate de las ideas.

Y este es el problema, precisamente, de Twitter: miles de personas esparcen discursos de odio, tóxicos y no veraces con ninguna intención de debatir, sino por el simple hecho de ser intolerantes. Y con este mensaje llega, a su vez, el uso de la fuerza y la crispación en las calles. Aquí ya se cumple la paradoja de la tolerancia, con la diferencia de que la plataforma ya no va a poner ningún filtro y todo está permitido.

Facebook, por su parte, tampoco es que esté poniendo mucho remedio. El año pasado, sin ir más lejos, admitió en documentos internos que redes como Instagram, de su propiedad, son tóxicas para casi 1/3 de sus usuarios. ¿Qué hicieron? Nada, para ser exactos.

Si las redes sociales, que son el principal medio de expresión en estos momentos, no van a poner ninguna norma, ¿dónde va a quedar el límite?

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