La seguridad informática debería ser algo sencillo

La mayoría de personas no entendemos de seguridad informática. Sabemos que mantenerla es importante, pero no comprendemos cómo funciona ni cuáles son sus aspectos relevantes.

Para la gente normal, “seguridad informática” significa usar aplicaciones que hablan un idioma misterioso y que requieren efectuar extraños rituales. El resultado es la superstición: limpiamos cookies, escaneamos archivos y cambiamos contraseñas sin saber muy bien qué estamos haciendo. Acciones que al final no consiguen evitar desastres como el robo de datos o el secuestro de archivos a cambio de una recompensa.

Un ejemplo de aplicación misteriosa es el antivirus. Sabemos que es un programa que evita que pasen cosas malas. Cuando nos avisa, sabemos que hay que preocuparse. Si navegamos por un sitio web y el antivirus se queja, cerramos el navegador y esperamos a que la cartulina roja se vaya. El antivirus es un guardián incomprensible que produce más miedo que sosiego, pero nos han dicho que es necesario tenerlo, así que obedecemos.

Pero si mañana el antivirus desapareciera de nuestros PC, no lo echaríamos de menos, porque es un agente molesto y gritón, un dóberman que ladra por cualquier cosa. Además de molestar, nunca nos explica por qué actúa como lo hace.

Las aplicaciones de seguridad suspenden en comunicación

La seguridad informática no es difícil de entender porque sea compleja. Es difícil de entender porque quien la representa se explica muy mal. En lugar de emplear un lenguaje llano y accesible, muchos autores de antivirus, cortafuegos y programas de seguridad quieren que usemos su jerga y aprendamos palabras como “rootkit” o “escaneo de puertos”. Quien no las aprende se queda excluido de la conversación. Y se asusta.

¿Hay alguien capaz de explicar qué es lo que está pasando en esta ventana?

En lugar de tranquilizar a las personas, los antivirus muestran alertas constantes y mapas de infecciones a escala global. Nos amedrentan con luces y sonidos espeluznantes. Ni siquiera la nomenclatura de los virus, supuestamente educacional, ayuda a comprender qué ocurre; cuando la gente lee “W32/Trojan.B” piensa que es víctima de un habitante de Troya. En resumen: como comunicadores, los antivirus y otras apps de seguridad sacan un cero.

Para tener éxito, un antivirus tiene que hablar claro

Hay quien aprecia la sensación de control que da un antivirus o un cortafuegos, pero se trata de una minoría. Las personas quieren una seguridad que no moleste. Pero una seguridad invisible vende poco. Nadie recuerda renovar un antivirus que no se queja de vez en cuando de que algo va mal. De ahí la cantidad de notificaciones y sustos que producen. De ahí, también, el lenguaje poco comprensible que usan. Si nos hablaran claro, quizá dejaríamos de usarlos.

¿Puede un antivirus seguir comunicando y ser rentable al mismo tiempo? Sí, pero solo si mejora su comunicación. Los autores de software deberían esforzarse por crear productos que hablen en un lenguaje fácil de entender. Hay que buscar la complicidad con el usuario. El antivirus, el cortafuegos o el gestor de contraseñas debe ser un asesor a la vez que un guardián. Si el antivirus enseña a la vez que protege, entonces sí cumplirá su cometido.

Clean Master (Android) consigue comunicar de forma sencilla y efectiva

Para tranquilizar, en suma, hay que hacerse entender. Y para hacerse entender, hay que hablar claro. La primera gran aplicación de seguridad que lo consiga será la que gane las mentes y corazones de millones de personas.

Para saber más:

Sígueme en Twitter: @remoquete

Cargando comentarios

Últimos artículos

Apps más descargadas

Ver todas