Resucitar el PC (IV): Reinstalar Windows

En anteriores ocasiones hemos intentado por todos los medios salvar los platos y librar Windows de los distintos males que lo acechan en cada esquina. De igual modo, también hay que saber aceptar una derrota y cuándo retirarse.

Sí, antes o después la forma más rápida de acabar con los problemas será empezar de cero, enfrentándonos a la ardua y repetitiva tarea de reinstalar el sistema.

A continuación vamos a presentar una serie de indicaciones que esperamos os sean útiles cuando os encontréis ante esta situación.

La idea

La idea, o el planteamiento teórico, de este asunto es la siguiente: Queremos que reinstalar Windows sea lo menos traumático posible, que el sistema quede lo más parecido a como lo teníamos antes y que todo esto sea llevado a cabo en el menor tiempo posible.

Parece una tarea difícil, pero siguiendo unas pequeñas indicaciones, lo lograremos, siguiendo este esquema:

  • Preparar para la reinstalación
  • Reinstalar
  • Configurar el nuevo Windows
  • Eliminar copias de seguridad / duplicados

1. Preparar para la reinstalación

Se trata del paso más importante. A la hora de reinstalar Windows no hay que tirarse de cabeza a formatear el disco duro y después ya nos preocuparemos por “aquellos documentos únicos donde se guardaba aquella importantísima contraseña que ya nunca recuperaré”, o sucedáneos. Si dudas de si vas a necesitar algo en el futuro, no lo borres.

El planteamiento ideal consiste en no borrar absolutamente nada. En lugar de eso, se instala Windows en otro disco duro o partición (si tenemos) o se renombran las carpetas del sistema para que el nuevo Windows no se mezcle con el viejo. Lo bueno que tiene la primera opción es que los dos Windows convivirían durante el tiempo suficiente para que realicemos la transición, de modo que podamos volver a él si se nos ha olvidado copiar alguna configuración, o algo así.

En cuanto a la segunda (renombrar las carpetas), no requiere de otro disco duro, pero sí que necesitaremos algo de ayuda para renombrarlas. Las carpetas que hemos de renombrar para que el nuevo Windows no “se mezcle” con ellas son “Windows”, “Archivos de programa” y “Documents and Settings” -algunas de ellas están ocultas- y, por supuesto, no las podemos renombrar desde el propio Windows. Así pues, necesitaremos algún disco de arranque con soporte NTFS, LiveCD, o la ayuda de otro SO que tengamos instalado simultáneamente.

Guarda la configuración de los programas

Aún así, y para curarnos en salud, es mejor que intentemos guardar manualmente la configuración de nuestros programas críticos. En el caso de Firefox y Thunderbird, es realmente sencillo, pero para evitar repetirnos, aquí tenéis la información al respecto.

Si utilizas Outlook (Express), el traspaso no es tan fácil, aunque no imposible. En este caso deberás mantener a buen recaudo tus archivos PST/DBX, para después importarlos en tu flamente Windows nuevo.

Algunos programas (donde se incluyen los anteriores), tienen la mala costumbre de guardar su configuración en Documents and Settings\tu.usuario|Application Data o incluso en Documents and Settings\tu.usuario\Local Settings\Application Data, por lo que es también recomendable cerciorarse de que dichas carpetas no se van a esfumar de la faz de la Tierra. Por último, también las hay que utilizan subcarpetas en Mis documentos (últimamente lo hacen muchos juegos con sus partidas grabadas) o en su propia carpeta de instalación (generalmente Archivos de programa).

¿Has puesto a buen recaudo tus documentos y correos? ¿Están a salvo las descargas de eMule, Torrent, Ares? ¿Seguro que no perderás la configuración personalizada de algún programa? ¿Tu fondo de pantalla? ¿El tema de Windows? Entonces continúa.

Guarda tus documentos

Más vale prevenir que curar, y con esos documentos únicos que tanto te costó crear mejor no arriesgarse. Así pues, localízalos y ponlos a buen recaudo. Salvo que hayas cambiado las rutas por defecto de Mis documentos o alguna otra cosa (y, si lo has hecho, lo sabrás), se encontrará también sumergido en Documents and Settings\tu.usuario, e igual para el Escritorio.

2. ¡A reinstalar se ha dicho!

Mucha gente le tiene pánico a la ventana de instalación, pero lo cierto es que tampoco es para tanto. Si finalmente el destino de tu nuevo sistema va a ser otro disco o partición, puedes incluso iniciar la misma desde Windows. Y si no, entonces habrás de introducir el CD en la unidad y reiniciar el ordenador.

¿No ha pasado nada? Bueno, entonces puede ser que no hayas “pulsado cualquier tecla” para iniciar desde el disco cuando se te pidió, o puede que no esté configurada correctamente la BIOS del sistema para que arranque desde el CD. Si este es tu caso, consulta la documentación de tu placa base para saber cómo darle prioridad al arranque del CD con respecto a los discos duros.

Después de esto, ya queda poco por hacer. Tan sólo deberemos, si tenemos varias particiones o discos, fijarnos bien en que lo instalamos donde queremos, además de elegir la opción correcta cuando nos pregunte si queremos formatear la unidad o dejarla como está. Según la versión que estés instalando, la posición de la Luna y el color de tu ropa, es posible que te pida consejo para más datos: configuración horaria, idioma del teclado… En fin, nada del otro mundo.

3. Configurar el nuevo Windows

Instalar Windows ha sido lo más fácil. Ahora viene “la pesadilla”: intentar dejarlo todo como estaba. Esta tarea requiere bastante paciencia, aunque nos llevará menos tiempo si lo hemos dejado todo bien preparado para el cambio.

Si guardaste perfiles / configuraciones / archivos de los programas, ahora deberás ir aplicando / copiando estos archivos a su respectivo programa para que quede como estaba. No hace falta comentar que una de las principales ventaja de los programas “Portable”, tan de moda en la actualidad, es que no necesitan ser instalados y, por tanto, funcionarán exactamente igual tras reinstalar Windows.

4. Borrar copias y duplicados

¿Está todo correcto? ¿Seguro? ¿No falta nada? Entonces puedes empezar a borrar todo aquello que tienes de más. Copias que hiciste de documentos, las carpetas “Archivos de programa” y demás de la instalación vieja, etc.

Además, es posible que en el arranque de Windows te aparezcan dos “Windows”, aunque tú ya hayas aniquilado sin piedad a la versión anterior. A nadie le gusta tener que esperar medio minuto para que empiece a cargar el SO de modo que, si este es tu caso, lo mejor es que pongas fin a esta situación.

La opción “segura” para ello es ir a las Propiedades del Sistema (en el Panel de Control), pestaña Avanzada, Inicio y Recuperación. Ahí puedes marcar el Windows que se cargará si no pulsas ninguna tecla, así como el tiempo de cuenta atrás. Normalmente el que aparece marcado es el correcto, de modo que sólo habrías de cambiar la cuenta atrás (o eliminarla).

La opción avanzada, y no recomendada bajo ningún concepto si no sabes lo que estás haciendo, es editar el archivo BOOT.INI y borrar directamente la línea del SO viejo.

¿Ya has terminado y estás contento con el resultado? En tal caso, quizá deberías pensar en hacer una imagen de disco, de modo que la próxima vez que tengas que reinstalar el proceso sea mucho más sencillo, rápido y automático.

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