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Qué fue de Rovio, los creadores de Angry Birds

Tirachinas, cerdos, huevos robados y... ¿¡Karts!?

Qué fue de Rovio, los creadores de Angry Birds
Randy Meeks

Randy Meeks

Si hacemos una lista de los cincuenta videojuegos más importantes de la historia, ahí tendrían que estar Super Mario Bros o Call Of Duty, sí, pero también Angry Birds, un juego para móviles que llegó tres años antes que Candy Crush en un mundo en el que tener el teléfono lleno de apps era aún algo grotesco y que convirtió a un pequeño estudio de Finlandia en una máquina de hacer dinero. Pero, ¿qué fue de ellos? ¿Qué le pasó a Rovio antes y después de Angry Birds?

Antes de los pájaros enfadados

Año 2003. Tres estudiantes tecnológicos de la universidad de Helsinki participan en un concurso de desarrollo de juegos para móvil y consiguen montar King of the Cabbage World, que más adelante sería conocido como Mole War y les ayudó a montar su propia empresa, a la que llamaron, efectivamente, Relude. O, como la conocimos todos después de que le cambiaran el nombre por uno mejor, Rovio.

“Rovio” significa “pira” en finés, y por eso su logotipo es una especie de llama que lleva ya dos décadas sin apagarse. Y eso que durante seis años tuvieron que luchar para mantenerse en el mercado, ya fuera mediante juegos para móvil basados en licencias (Need for Speed: Carbon, X-Factor 2008) y otros más o menos originales. El problema fue que alguien entendiera el potencial de jugar en un teléfono móvil en una época en la que la palabra “app” no significaba nada. Dicho de otra manera: ¿Para qué sirve hacer juegos buenos si no hay nadie para jugarlos?

Y entonces, en 2007, llegó el iPhone y todo cambió: los juegos para móviles dejaron de tener un acceso complicadísimo, el target pasó a ser literalmente todo el mundo y en Rovio vieron su oportunidad para, después de 51 intentos, hacerse con un huequecillo de mercado. Solo tenían tres reglas para su último gran juego antes de la bancarrota, al estilo Square: no tenía que necesitar tutorial, sus tiempos de carga debían ser mínimos y un minuto de juego debería bastar para tener una experiencia óptima. Ah, y un icono llamativo en la App Store no haría ningún daño. Antes de perderlo todo, ¿qué es lo peor que podía pasar?

Tras varios diseños para un posible juego, el equipo directivo se quedó con unos pájaros enfadados que les hacían gracia. Buscaron un motivo para su enfado (unos cerdos han robado sus huevos) y dedicaron 25.000 euros a crear pantallas y sus físicas en los ratos libres. Seis meses después, Rovio había sacado cuatro apps para otras empresas y tenía Angry Birds a punto de caramelo. Y la prueba de que el juego era adictivo fue que la madre de uno de los fundadores de Rovio vio (bueno, olió) cómo se le quemaba el pavo en Acción de Gracias porque estaba enganchada a una versión de prueba. Solo faltaba lanzarlo en tirachinas y ver lo que pasaba. Éxito asegurado… ¿O no?

Pájaros enfadados

En diciembre de 2009, Rovio lanzó Angry Birds y se convirtió, de la noche a la mañana… en un pequeño fracaso. No levantó el vuelo en Estados Unidos ni Reino Unido, pero sí en mercados menores. Poco a poco, entre Finlandia, Grecia, Suecia y Dinamarca, el juego acumuló 40.000 descargas, suficiente para seguir con vida unos meses más. Pero en febrero de 2010 todo cambió. Después de que Apple lo seleccionara como Juego de la Semana, pasó del puesto 600 al primero. Y tardaría bastante en moverse de ahí.

Angry Birds DESCARGA
Pájaros gruñones en busca de destrucción

Al principio, el negocio era claro: el juego costaba dinero en iOS y se alimentaba a base de anuncios en Android, pero poco a poco fue cayendo en el juego de las microtransacciones. Por ejemplo, por 89 céntimos un águila que apareció en una de las actualizaciones podía solucionar un nivel en el que te hubieras atrancado y pasar al siguiente: más de dos millones de personas la utilizaron. Había pantallas que pasarse, claro: aunque la primera entrega tenía tan solo un capítulo de 21 niveles, al final de su vida llegó a tener casi quinientos. Casi nada.

Y entonces, llegó la locura: Rovio dejó de lado el resto de sus proyectos para centrarse exclusivamente en Angry Birds. Primero fue Angry Birds Seasons, en 2010, que se iba actualizando en los diferentes momentos clave del año (Halloween, Navidad, el primer día de colegio). Después, Angry Birds Rio, un crossover con la película, claro está, Rio. A partir de ahí, la locura.

Después de los pájaros enfadados

Crossovers con Star Wars y Transformers, juegos de carreras (Angry Birds Go!), RPGs (Angry Birds Epic), pinball (Angry Birds Action), de unir fichas (Angry Birds Match), realidad virtual… La saga se expandió hasta los 28 juegos, dos películas, 9 series de televisión e incontables libros. ¡Hasta tienen atracciones en parques temáticos! Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los fans de toda la vida no están contentos con ellos… Y con razón. Todo se remonta al primer juego, antes de que las microtransacciones fueran nuestro día a día.

Y es que Angry Birds ha sido retirado de las tiendas de aplicaciones porque -en serio- le hacía sombra a las novedades de Rovio. Tal y como suena. En iOS, Rovio Classics: Angry Birds, que cuesta 0,99 euros, ha cambiado su nombre a Red’s First Flight, y en Android ha desaparecido del todo. De hecho, podemos encontrar Angry Birds 2, Angry Birds Friends o Angry Birds Dream Blast, pero ni rastro del original.

Rovio ha basado tanto su modelo de negocio en los micropagos que prometen un juego falsamente gratuito, que un juego como el primer Angry Birds, en el que todo estaba pagado desde el principio, podría hacerles daño de cara a un público que ha perdido, en una década, bastante interés en los juegos de la franquicia. Además, no se puede decir que lo que Rovio ha hecho fuera de la saga haya triunfado: Selfie Slam, Retry (un intento de capitalizar Flappy Bird) o Love Rocks Starring Shakira no han tenido tirón como para imaginar un futuro de la empresa sin tirachinas, cerdos e intentar ordeñar como sea al pájaro (rojo) de oro.

Randy Meeks

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