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Nunca hubiéramos tenido ‘GTA’ si no fuera por un pequeño bug en un juego diferente

¿Os imagináis estar esperando ahora el Race'n'chase 6?

Nunca hubiéramos tenido ‘GTA’ si no fuera por un pequeño bug en un juego diferente

Agencias

  • 11 de agosto de 2025
  • Actualizado: 12 de agosto de 2025 a las 5:59
Nunca hubiéramos tenido ‘GTA’ si no fuera por un pequeño bug en un juego diferente

Cuando el 26 de mayo del año que viene aparezca el GTA VI en las tiendas de todo el mundo, nadie va a hablar de otra cosa durante semanas. Ni siquiera importa si el es bueno o malo, o si merece el precio que vaya a costar: es uno de esos acontecimientos que marcan un antes y un después en la historia de los videojuegos, como que GTA V en 2013. Sin embargo, estuvieron a punto de no existir jamás. No porque su desarrollo fuera excesivamente complejo, sino porque, originalmente, el primer Grand Theft Auto se hizo de pura casualidad.

Policías, ladrones y bugs

En un principio, ni siquiera Rockstar estaba en la historia de GTA: los encargados de hacer el primer juego fueron DMA Design (que ahora, efectivamente, son Rockstar North, pero eso es otra historia), un estudio que llevaba haciendo videojuegos desde 1989 y que tuvieron su primer macro-éxito con Lemmings, que portearon a tantas consolas y ordenadores como fue posible. A partir de entonces, se dedicaron a hacer versiones y secuelas de su juego estrella hasta que el título ya no dio más de sí. Fue entonces, a mediados de los 90, cuando decidieron que era hora de hacer algo diferente.

¿Por qué no probar con un juego en el que podías elegir ser un policía que persigue a un criminal o un criminal que es perseguido por policías, mediante carreras por tres ciudades más o menos abiertas? No sonaba mal, ¿no? DMA se puso a crear así Race’n’chase, en el que podías jugar en carreras ilegales al estilo Fast & Furious. Sin embargo, tenían un problema: no es ya que no pudieras hacer todo tipo de misiones (todas eran la misma), sino que, además, las persecuciones eran… aburridas. Imagina la idea de estar creando un videojuego de carreras y que los testeadores te digan que no es divertido. Al menos, hasta que encontraron un bug que lo cambió todo.

De pronto, un día, los testeadores se encontraron con que el juego de policías y ladrones que tenían que sufrir cada día se había vuelto… ¡Divertido! Eso sí, no a posta: de pronto, los policías ya no te perseguían para que pararas, sino que te pegaban en los costados, iban a toda velocidad contra ti y causaban el caos en la ciudad con tal de pararte. De alguna manera, el algoritmo se equivocó, creyendo que su verdadero objetivo no estaba a unos centímetros del coche rival, sino dentro del coche rival. Con lo cual, le atacaban constantemente, haciendo no solo que ya nadie fuera amable en el juego, sino, además, que cambiara toda su razón de ser.

Dan y Sam Houser, de BMG Interactive, acabaron comprando los derechos de Race’n’chase como distribuidores y lo convirtieron en Grand Theft Auto. El resto, como se suele decir, es historia, más o menos: el juego creció en todos los sentidos, dejaron de lado la opción de ser el policía (“es más divertido ser malo”, comentaron) y, cuando se publicó en 1997, tuvo que hacer frente a una oleada de comentarios negativos que querían prohibirlo. Dio lo mismo: la semilla estaba plantada y para 2001 ya habían vendido 6 millones de unidades en todo el mundo. Un exitazo para la época, vaya. ¡Incluso llegó a conseguir una versión para Game Boy Advance!

Obviamente, una secuela se aprobó de manera inmediata: en 1999 DMA continuó la saga, pero esta vez fueron publicados no por BMG, sino por una nueva distribuidora fundada por los Houser, que, tras la venta de su empresa a Take Two, fundaron la suya propia, Rockstar Games (quizá os suene, vaya). Por aquel entonces, su negocio se basaba básicamente en el GTA y otros juegos menores como Earthworm Jim 3D y Monster Truck Madness 64. Por suerte, y como sabemos, su futuro pintaba muy, muy brillante, y sin ningún otro Race’n’chase a la vista.

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