8 lecciones de vida que nos han enseñado los videojuegos

¿Quién dice que jugar a videojuegos no nos ayuda en la vida real? Aquí tienes ocho lecciones importantes que solo un gamer auténtico entenderá y que, cuando las aprendemos, nos convierten en grandes personas.

¡Las viñetas son del genial portal Dorkly!

Piensa en tus partidas en Skyrim. ¿Recuerdas en lo que pensaste cuando venciste al gran dragón? Echaste un vistazo hacia atrás para ver todas las misiones que habías cumplido, todas las habilidades que habías aprendido y todos los personajes con los que habías trabajado amistad. No lo hubieses conseguido sin todas esas experiencias.

A veces queremos hacer maravillas a la primera. A veces queremos ser perfectos. Pero no nos sale. ¿Qué más da? Siéntete orgulloso de tu trabajo: es el primer paso hacia algo mucho mejor. Si lo desprecias jamás aprenderás de él.

Muchos juegos terminan con una gran revelación: tu sombra es tu enemigo. Le pasó a Link en algunas aventuras, por ejemplo. En la vida real también ocurre. A veces nuestro mayor obstáculo somos nosotros mismos.

Da igual lo lobos solitarios que seamos. En ocasiones no conseguiremos nuestro objetivo a no ser que pidamos ayuda. Además, ¡en compañía es mucho más divertido!

Nuestras mayores amistades en los videojuegos fueron aquellas que empezaron casi como una relación de odio. Pero vivir experiencias con las personas nos ayudan a entender que no somos tan diferentes después de todo. ¡Y entonces lo difícil es separarnos!

En los juegos de rol casi siempre fracasas si intentas hacer de todo. Al igual que en la vida real, triunfarás, y serás más útil, si solo te centras en una cosa. Que suele ser lo que al final más te gusta.

A Booker le ocurrió en BioShock Infinite. Repetía los errores una y otra vez hasta que al final hizo algo diferente. Y entonces todo cambió. Nunca es tarde para cambiar.

Finalmente, los videojuegos no son tan serios. ¡A veces lo mejor es reírse de cualquier cosa! ¿Y en la vida? ¡Lo mismo!

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