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La Tierra frente al Sol: un científico plantea salvarla sin abandonarla

Propone una sombrilla espacial y maniobras orbitales extremas

La Tierra frente al Sol: un científico plantea salvarla sin abandonarla

Chema Carvajal Sarabia

  • 8 de agosto de 2026
  • Actualizado: 8 de agosto de 2026 a las 16:44
La Tierra frente al Sol: un científico plantea salvarla sin abandonarla

Gabriel Harry trabaja como investigador independiente y ha puesto sobre la mesa una idea para que la humanidad atraviese el futuro aumento de brillo del Sol y su posterior expansión sin tener que abandonar la Tierra. Su apuesta pasa por una mezcla de ingeniería planetaria extrema.

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El texto, ya aceptado para publicación en el Journal of the British Interplanetary Society, arranca de un problema que la astronomía conoce desde hace décadas. A medida que el Sol envejezca, brillará más y más, hasta llegar a un punto en el que, dentro de unos 1.000 millones de años, es probable que los océanos terrestres hiervan y el planeta deje de ser habitable.

Y después vendría algo peor. Dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol se inflará hasta convertirse en una gigante roja que incluso podría alcanzar la órbita de la Tierra. Para estirar ese margen en escalas cósmicas, Harry plantea una combinación de megaestructuras y maniobras orbitales.

El primer paso sería colocar una sombrilla espacial descomunal en el punto de Lagrange L1, entre la Tierra y el Sol, una zona en la que las fuerzas gravitatorias permiten mantener objetos en una posición relativamente estable.

Esa sombrilla serviría para recortar parte de la radiación solar que llega al planeta conforme el Sol se fuera volviendo más luminoso. En teoría, ayudaría a evitar que la Tierra se recaliente.

Ahí aparece el gran problema: el tamaño. Según señalan varios expertos, una estructura así tendría que extenderse a lo largo de cientos de miles de millas de ancho, algo que hoy queda radicalmente fuera del alcance de la ingeniería. Y hay otro inconveniente: una sombrilla de ese tipo también bloquearía luz y calor que sí resultan útiles. Por eso la propuesta de Gabriel Harry suma una segunda pieza, todavía más ambiciosa: reactores de fusión en las capas profundas de la atmósfera de Júpiter para aprovechar su abundancia de hidrógeno y helio, producir energía y enviarla después a la Tierra.

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Sobre el papel, ese sistema podría compensar la energía solar que se perdería. Llevarlo a la práctica es otra historia. Habría que levantar infraestructura industrial en un gigante gaseoso, hacer funcionar sistemas de fusión a gran escala y resolver cómo mandar energía de forma segura y constante a millones de kilómetros.

La última fase apunta al peligro mayor: impedir que la Tierra termine tragada por el Sol cuando este se hinche. Para eso, Harry propone ir desplazando poco a poco la órbita terrestre hacia afuera mediante maniobras repetidas de asistencia gravitatoria con un asteroide previamente redirigido.

Las asistencias gravitatorias con un asteroide desviado no son una ocurrencia sacada de la nada; ya se han estudiado en escenarios teóricos. Aun así, ejecutarlas durante millones de años sin cometer errores se acerca a lo inimaginable. Un cálculo mal ajustado bastaría para alterar la rotación terrestre, perturbar su relación con la Luna o introducir inestabilidad en la órbita.

Que el trabajo haya sido aceptado para publicación en el Journal of the British Interplanetary Society no significa que ya cuente con una validación científica amplia y formal. De hecho, algunos especialistas lo describen a la vez como un “experimento mental divertido” y como algo “extremadamente inverosímil”.

Eso no vuelve irrelevante el estudio. La propuesta también sirve para abrir una discusión sobre hasta dónde podría empujar la ingeniería planetaria y con qué límites físicos, políticos y éticos chocaría. Es un debate que, además, sigue muy marcado por voces de Norteamérica y Europa, mientras Asia, África y Sudamérica aparecen bastante menos.

En foros internacionales, incluidas algunas conversaciones africanas sobre geoingeniería solar, ya han aparecido objeciones de fondo. Nadie sabe si una idea así saldrá alguna vez del terreno teórico, pero si la humanidad llegara a plantearse alterar el clima o mover la órbita de la Tierra, el asunto no sería solo técnico. Sería una decisión global.

Chema Carvajal Sarabia

Content Manager - Periodista especializado en tecnología, entretenimiento y videojuegos. Escribir sobre lo que me apasiona (cacharros, juegos y cine) me permite seguir cuerdo y despertarme con una sonrisa cuando suena el despertador. PD: esto no es cierto el 100 % de las veces.

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