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Jefe algorítmico: un tercio de los empleados cree que mejoraría su productividad

Ven más rapidez y menos fricción, pero dudan en conflictos

Jefe algorítmico: un tercio de los empleados cree que mejoraría su productividad

Manuel Bosque

  • 8 de septiembre de 2026
  • Actualizado: 8 de septiembre de 2026 a las 15:56
Jefe algorítmico: un tercio de los empleados cree que mejoraría su productividad

Uno de cada tres trabajadores cree, según una encuesta difundida hoy, que rendiría mejor si su jefe directo fuera un sistema automatizado y no una persona. El dato da la medida de hasta qué punto las herramientas de gestión digital han dejado de verse como un simple apoyo y empiezan a entrar en otro terreno: el de posibles figuras de mando dentro de las empresas.

El sondeo, de todos modos, no apunta en una sola dirección. Hay empleados que valoran la rapidez, la objetividad y la disponibilidad permanente de estos sistemas. Otros siguen viendo muy difícil reemplazar el criterio humano cuando toca decidir sobre asuntos delicados, como la evaluación del desempeño, la gestión de conflictos o el reparto de la carga de trabajo.

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Para muchos, el gancho principal de un supervisor algorítmico está en la eficiencia. De ahí que la productividad aparezca una y otra vez entre las respuestas. Un sistema así puede repartir tareas en tiempo real, seguir resultados de forma constante y quitar parte de la fricción que generan tantas reuniones, los cambios de criterio o las instrucciones mal explicadas.

En sectores muy pegados a las métricas, como atención al cliente, logística, ventas o soporte técnico, esa idea seduce bastante. La promesa es fácil de entender: objetivos más claros, decisiones más rápidas y menos espacio para favoritismos. Frente a un mando tradicional, un sistema automatizado puede transmitir una sensación de coherencia que algunos trabajadores agradecen porque les ayuda a centrarse en producir más.

También pesa la idea de la imparcialidad. Una parte de los encuestados cree que una herramienta apoyada en datos podría juzgar mejor el rendimiento que un superior atravesado por sesgos personales, preferencias o estilos de liderazgo que cambian según el día.

Pero el entusiasmo, ni mucho menos, es general.

La barrera principal sigue siendo la falta de empatía. Un jefe humano no se limita a medir resultados: también capta matices, entiende problemas personales y ajusta expectativas cuando aparecen imprevistos. Eso, por muy avanzado que sea el software, sigue siendo difícil de imitar.

Otra inquietud que se repite tiene que ver con la transparencia. Si un sistema decide turnos, primas, prioridades o evaluaciones, los empleados quieren saber con qué criterios está tomando esas decisiones. Cuando esas reglas no se entienden, la supuesta objetividad deja de dar tranquilidad y empieza a generar desconfianza.

Y hay otro temor que va ganando espacio: una cultura laboral marcada por la vigilancia constante. Las herramientas que controlan tiempos, actividad o cumplimiento de objetivos pueden aumentar la presión del día a día y desgastar la relación con la empresa, incluso cuando ciertos indicadores de rendimiento mejoran.

La encuesta no parece anunciar la desaparición del jefe de siempre. Más bien apunta a una transición hacia modelos híbridos. En la práctica, muchas empresas ya mezclan responsables humanos con plataformas que asignan tareas, analizan productividad y sugieren decisiones. El reto, entonces, no será solo meter estas herramientas en la operativa, sino decidir hasta dónde llega su autoridad y cómo contestar a preguntas nada menores sobre responsabilidad, derechos laborales y bienestar.

De momento, el mensaje que deja el sondeo parece bastante claro: una parte relevante de los trabajadores está dispuesta a aceptar nuevas formas de dirección, siempre que aporten claridad y eficiencia sin perder algo básico en cualquier empleo, que detrás de cada métrica sigue habiendo personas. Hasta dónde llegará ese cambio en la gestión de equipos, todavía no está claro.

Manuel Bosque

Manuel Bosque se ocupa de la cobertura de software en Softonic: programas de escritorio, herramientas de productividad y utilidades pequeñas que resuelven bien un solo problema. Su criterio es práctico —qué hace realmente un programa, qué pide a cambio y a quién le sirve—, y por eso desconfía de las listas de funciones y prefiere probar. Forma parte del equipo que decide cómo se cuenta el software en la web y trabaja a diario con herramientas de IA aplicadas a la producción editorial.

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