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Inteligencia Artificial: Ha estado bien el juguetito, ¿podemos parar ya?

Puñitos apretados contra la IA

Inteligencia Artificial: Ha estado bien el juguetito, ¿podemos parar ya?
Randy Meeks

Randy Meeks

Seguro que lo habéis oído en más de una ocasión, incluso en vuestro trabajo: la IA ha llegado para quedarse. Y los que no se adapten tendrán que irse con la cabeza gacha a la cola del paro, porque a partir de ahora todo se hará así. Internet se ha plagado de gente que te enseña a “escribir” cien libros en tiempo récord gracias a ChatGPT e ilustrarlos gracias a diferentes herramientas, e incluso quien cuenta, orgulloso, que dentro de una década las series de televisión estarán adaptadas a cada persona y todos tendremos una experiencia distinta y siempre gratificante.

Y, sinceramente, creo que ya va siendo hora de decir que el juguetito ha estado bien, nos lo hemos pasado pipa trasteando, pero ya va siendo hora de reconocer un par de verdades. Por ejemplo, que el triunfo de la IA es el de la vagancia creativa y la falta de talento… Y que los “artistas IA” parecen tan cantamañanas como los que no hace tanto hablaban de que el futuro pasaba, sí o sí, por los NFT. Spoiler: no era así.

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IA vale

Sí, la IA ha venido para quedarse, y va a cambiar muchas vidas: por ejemplo, lo que va a hacer en el correo de GMail es espectacular, y la creación de una presentación en segundos es un avance fabuloso para todos los social media managers (por ejemplo) que podrán dedicar más cariño a su trabajo en lugar de a tareas de diseño. ¿Sabéis que había venido para quedarse también y era el momento de subirse a la ola? El metaverso. Los NFT. Las gafas de realidad virtual. El 3D. Las criptomonedas.

Claro que la Inteligencia Artificial tiene miles de aplicaciones técnicas que nos van a hacer más fácil la vida. Pero, por más empeño que pongan los gurús de la tecnología, nunca podrá sustituir a la creatividad humana… en gran parte porque es la única manera en la que puede subsistir: robando, afanando y sustituyendo aquí y allá creaciones anteriores, como si se tratara de un collage hecho por un niño de primaria. ¿Es bueno? Depende de la tolerancia a lo anodino del receptor. ¿Es original? No, jamás, bajo ningún concepto.

Hace unos meses, un usuario de Twitter se vanagloriaba de haber “creado” con ChatGPT una historia para contarle a su hijo antes de dormir: las aventuras de un comerciante de nubes que vivía en un país hecho de nubes. Y, leyendo, no podía parar de pensar en una cosa: ¿De verdad? ¿Esto es todo lo que la herramienta puede darnos? ¿Es el final de la imaginación algo que debamos aplaudir? ¿Por qué alguien le pediría a una máquina que le contara un cuento a su hijo? ¿Es que no hemos visto el suficiente cine de ciencia-ficción como para saber que no es una buena idea?

El futuro, terrible futuro

Llegará el día -porque, sin duda, lo hará- en el que una inteligencia artificial escribirá una película. Será un ‘¡Shazam! 2’ de turno, un pastiche realizado por un algoritmo con el mismo interés que ver el cemento secarse. La IA, creativamente, es capaz de llegar al mínimo. De manera muy rápida, sí, pero sin sentimientos de ningún tipo, emoción o humanidad. Vale, es capaz de crear una historia mezclando muchas otras. ¿Y qué?

Una IA jamás hará una película interesante. No veremos un ‘Aftersun’ o un ‘Return to Seoul’, porque será incapaz de entender el alma humana, los vericuetos de la misma, la soledad, las capas de dolor y matices que un cuerpo (y una mente) puede aguantar. ¿Puede crear una historia de buenos contra malos repleta de explosiones? No me cabe duda. ¿Puede ir más allá? Lo dudo. Quizá si acude al simple copia-pega pueda rozarlo.

“¡Es capaz de hacer imágenes increíbles!”. No, qué va. Es capaz de robar imágenes increíbles, estilos ajenos, millones y millones de dibujos y fotografías subidas a Internet a lo largo de los años modificadas -en ocasiones muy ligeramente- para que algunas personas sin demasiado talento, tratando de obtener el mayor beneficio en el menor tiempo posible sin importar el resultado, se salgan con la suya. Un “artista IA” no hace arte: es, básicamente, un vago con ínfulas de grandeza.

Seguir engrandeciendo y alabando la IA solo va a llevar, de manera inevitable, al triunfo de la mediocridad. ¿Preferimos artículos de opinión o una sobriedad al estilo Wikipedia que, además, se invente datos para tenernos siempre contentos? ¿Queremos una imagen al estilo de un autor o un dibujo de ese autor? Una vez pasado el tiempo de experimentación con el juguete, ¿realmente vamos a querer jugar más con él o quedará olvidado como simple curiosidad?

“Esto es solo el principio”, comentan algunos. “Dale tiempo y te sorprenderá”. Y sin embargo, la IA es el cinco raspado, el aprobadillo justo, los deberes bajados de El Rincón del Vago. Si queremos una sociedad que no aspire a la excelencia, efectivamente, nuestro futuro creativo pasa, sí o sí, por ChatGPT, NightCafe y el resto de la caterva de apps que han aparecido en los últimos meses y que, al final, han tenido su mayor momento de gloria con unas fotos del Papa vistiendo chaquetón y Donald Trump siendo detenido.

Claro que va a haber despidos masivos por culpa de la IA, pero no por su imparable calidad indistinguible del ser humano, sino por la codicia de unos pocos que pretenden ganar más dinero a costa de aumentar la mediocridad y reducir el valor humano. A diferencia de los NFT o el Metaverso, esto toca donde realmente importa en el mercado laboral: el bolsillo de los que mandan. Y entre un yate más o dar valor a tu contenido, lo tienen mucho más claro que nosotros. Tristemente.

Randy Meeks

Randy Meeks

Redactor especializado en cultura pop que te escribe en webs, revistas, libros, redes sociales, guiones, cuadernos y servilletas si no hay más sitios donde dar la chapa

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