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Eric Trump entra ahora en los robots militares humanoides: contrato del Pentágono por 24 millones

La empresa plantea darles capacidades letales y reabre dudas éticas

Eric Trump entra ahora en los robots militares humanoides: contrato del Pentágono por 24 millones

Mark Conrad Pinton

  • 18 de julio de 2026
  • Actualizado: 18 de julio de 2026 a las 6:01
Eric Trump entra ahora en los robots militares humanoides: contrato del Pentágono por 24 millones

Foundation Future Industries, una empresa de robótica humanoide en la que Eric Trump aparece como inversor y principal asesor estratégico, acaba de conseguir un contrato del Pentágono, el Departamento de Defensa de Estados Unidos, por 24 millones de dólares para desarrollar robótica pensada para el campo de batalla. El acuerdo ha puesto a la compañía bajo una lupa mucho más intensa: no solo trabaja en sistemas de uso militar, también mantiene un vínculo directo con la familia presidencial, y eso vuelve a abrir la discusión sobre posibles conflictos de intereses.

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La participación de Eric Trump ya habría despertado atención de todos modos. Pero el foco aumenta por otro motivo: la empresa no se limita a trabajar para defensa y su consejero delegado, Krishna Pathak, ha dicho en público que la idea es dar a estos robots capacidades letales.

La compañía vende su proyecto como una apuesta por la robótica humanoide para entornos duros, entre ellos el militar.

Para quienes la critican, el problema tiene dos caras. Foundation Future Industries quiere abrirse paso en un terreno especialmente sensible y lo hace con Eric Trump en un cargo estratégico, mientras su padre, Donald Trump, está en la presidencia. Ese cruce entre política, defensa y negocio ha disparado las dudas sobre un posible conflicto de intereses y sobre eventuales tratos de favor.

De momento no existe una prueba pública de irregularidad. Aun así, el hecho de que una firma ligada a la familia presidencial haya obtenido un contrato militar ya ha hecho saltar las alarmas entre observadores de Washington y grupos de control.

Y este caso no aparece aislado. Según varios informes, fondos de inversión vinculados a Donald Trump Jr. y Eric Trump apoyaron empresas de tecnología de defensa que después recibieron al menos 3.200 millones de dólares en contratos federales, además de alrededor de 3.100 millones en opciones de contrato futuras.

Cuando se habla de “robots asesinos”, normalmente se alude a sistemas autónomos letales capaces de identificar objetivos, seleccionarlos y matar sin intervención humana directa en cada decisión.

Quienes defienden estos sistemas sostienen que podrían reaccionar más rápido y operar en escenarios demasiado peligrosos para los soldados. Sus detractores ven otra cosa. Ven una línea roja, por el vacío de responsabilidad que aparece si una máquina se equivoca y mata a civiles, por los sesgos que pueden colarse en la identificación de objetivos, por la deshumanización de la guerra y por riesgos técnicos muy concretos, desde pirateos y falsificación de señales hasta fallos en medio de combates caóticos. El Comité Internacional de la Cruz Roja lleva tiempo insistiendo en lo mismo: el uso de la fuerza exige un control humano significativo.

Estados Unidos, China y Rusia pisan el acelerador en el desarrollo de armas autónomas, mientras la guerra de Ucrania se ha descrito una y otra vez como un banco de pruebas para sistemas no tripulados y nuevas formas de combate automatizado.

Más de 120 países respaldan un nuevo tratado sobre este tipo de armas. El secretario general de la ONU, António Guterres, las ha llamado “moralmente repugnantes” y, en diciembre de 2024, la Asamblea General aprobó una resolución sobre el asunto. Pero las grandes potencias militares, entre ellas Estados Unidos y Rusia, siguen negándose a una prohibición total. Ahí es donde Foundation Future Industries queda en una posición especialmente delicada, porque cada nuevo contrato reaviva la misma pregunta: quién debe decidir cuándo una máquina puede matar.

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