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En la era de las redes sociales, ¿importa la privacidad?

María López

Publicado

Las redes sociales han hecho que vivamos en un mundo hiperconectado. Cada vez tenemos menos reparo en compartir lo que pasa en nuestro día a día con todo el mundo. Para muchos, esto ya se ha convertido en la norma. Hemos perdido parte de nuestra privacidad, pero ¿es algo que realmente nos importe?

Actualmente, las empresas tecnológicas están tratando de limpiar su imagen con lo que respecta a la recopilación de datos de usuarios. Marcas como Xiaomi ya fueron objeto de críticas en el pasado debido a eso mismo. En su caso, el navegador Mint, incluido en los teléfonos de la marca, recopilaba datos del usuario incluso cuando este navegaba en modo incógnito. Pero Xiaomi no es la única.

En la era de las redes sociales, ¿importa la privacidad?

Mucho se ha hablado de las dudosas acciones de Meta en el pasado. Uno de los mayores escándalos que ha atravesado el conglomerado tecnológico involucra a una de sus plataformas más populares, Facebook.

Cambridge Analytica, los efectos de un escándalo que aún perdura

Durante la década de 2010, el caso de Cambridge Analytica escandalizó tanto a los medios como a la opinión pública. Esta consultora londinense se dedicó a recabar información de los usuarios de Facebook para luego utilizarlos con fines políticos.

Cambridge Analítica realizaba análisis de datos para ofrecer campañas a marcas y políticos con el fin de manipular a su audiencia. De hecho, se ha descrito como “decisivo” el papel que jugó la empresa durante la campaña presidencial de Donald Trump. Y tampoco hace falta irse tan lejos: a ellos también se les atribuye parte de responsabilidad frente al Brexit.

La manera en la que Cambridge Analítica obtuvo los datos fue a través de un test de personalidad. Si tienes (o has tenido) Facebook, seguro que recordarás las típicas aplicaciones y juegos donde rellenas preguntas para saber tu tipo de personalidad, qué personaje Disney eres o cosas así. Pues en este caso, la consultora utilizó este formato de aplicación para acceder a la información personal de aquellos que rellenaban esas preguntas. Luego, los datos obtenidos sin el permiso de los usuarios se vendían a empresas de terceros.

La información, la moneda de cambio del siglo XXI

Otras aplicaciones como TikTok o Instagram también recopilan los datos de uso. El negocio de las redes sociales y gran parte de la Internet que conocemos se asienta sobre la publicidad y el marketing. Para que las campañas de marketing sean efectivas, se hacen uso de todos estos datos. Gracia a eso, los productos se dirigen hacía aquellos que tienen más probabilidades de comprar.

En el caso de TikTok, sabemos gracias a un estudio realizado por Consumer Reports que la red social observa a todos los usuarios de Internet, sin importar si tienen una cuenta o no registrada.

Pero el rastreo no acaba ahí. Las cookies son uno de los elementos más polémicos de la red y están presentes en todas las páginas web. Las empresas publicitarias emplean las cookies para saber tus gustos al milímetro y venderte así lo que creen que te interesará más.

Consentir que recopilen nuestros datos o no: esa es la cuestión

Mantener la más absoluta privacidad en el Internet de hoy en día es una quimera casi inalcanzable para muchos. De aquí nos pueden surgir varias preguntas: ¿por qué nos importa tanto los datos que recaben de nosotros si también subimos nuestra vida en las redes sociales?

A pesar de que la privacidad tal y como la conocíamos es difícil de preservar en su totalidad, no hay que dejarse engañar. La clave en todo se reduce a un simple concepto: el consentimiento.

Muchas grandes empresas se han dedicado a jugar con la ambigüedad de Internet para utilizar nuestros propios datos en su beneficio. Y lo más importante de todo esto: gran parte de los usuarios no han sido conscientes de ello.

Al publicar fotos de nuestros viajes o escribir nuestros pensamientos estamos realizando una elección consciente de lo que queremos transmitir. Nadie tiene derecho a recabar nuestros datos sin nuestro consentimiento. Como se suele decir, cuando un servicio es gratis, el producto eres tú.

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