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One Piece de Netflix: el mejor live action de anime resultó ser el más difícil de adaptar

Parecía imposible, pero los astros se han alineado

One Piece de Netflix: el mejor live action de anime resultó ser el más difícil de adaptar
Juan Carlos Saloz

Juan Carlos Saloz

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Escalofríos, miedo y una sensación constante de “esto no puede salir bien”. Estoy seguro de que, como me pasó a mí, esto es lo que sintieron millones de fans de One Piece al enterarse, hace ya algunos años, de que Netflix estaba preparando una versión en acción real del manga original de Eiichiro Oda.

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No era para menos. One Piece es el manga más popular de las últimas décadas, sí, pero también es un manga ridículo, absurdo y exagerado a más no poder. Los poderes del propio protagonista ya son de por sí raros, y a cada nuevo villano y aliado todo se vuelve más turbio y extraño. Verlo así, en acción real, parecía algo imposible. Y más si tenemos en cuenta lo mal que salió para Netflix la película de Death Note y la adaptación de Cowboy Bebop, a priori animes mucho más sencillos de pasar a la acción real.

Así que el miedo estaba justificado. Pero, a medida que este año han ido saliendo tráilers, promociones y, sobre todo, making of y declaraciones del equipo, la sensación fue cambiando. El elenco principal resultó parecer perfecto, y pronto supimos que Eiichiro Oda estaba implicado al máximo con la adaptación, incluso obligando a rehacer escenas completas. Esto dejaba claro que, en esta ocasión, en Netflix estaban haciendo las cosas bien… pero ¿cómo ha salido todo esto al final?

Podemos respirar tranquilos: One Piece es un éxito

Puedo decirlo alto y claro: One Piece de Netflix es todo un éxito. La primera temporada acaba de estrenarse, y ha resultado ser cierto que, contra todo pronóstico, la plataforma de streaming tenía razón. Netflix ha llevado a cabo una adaptación fiel del anime pero sin necesidad de copiarlo escena a escena, y ha conseguido lo que parecía imposible en un principio: llevar el alma de One Piece a un nuevo medio sin que (casi) nada se pierda por el camino.

Desde el primer capítulo, ya vemos bastante claro que One Piece no ha sufrido de los dos grandes problemas de Netflix con sus adaptaciones. Si en Death Note pecaban de hacer una historia completamente nueva sin respetar lo que hacía mágica su historia original, en Cowboy Bebop probaban con hacer lo contrario: copiar plano a plano la misma historia del anime.

Evidentemente, ninguna de estas estrategias funcionó bien, así que con One Piece tenían que dar en el clavo: debían llegar a un término medio que respetara el espíritu original del manga pero que, a su vez, lograra tener una identidad propia sin rozar el ridículo que tanto acechaba. Y vaya si lo han conseguido.

Por una parte, esto se ha logrado de una forma bastante lógica: adaptando la historia al formato serie. Podría parecer lo mismo que ya era el anime, pero ni mucho menos. En la serie de Netflix, One Piece juega mucho más con los cliffhangers, no deja a ningún personaje en la estocada —todos tienen una evolución, como vemos claramente con la historia de Coby, Garp y Helmeppo— y no hay ningún elemento puesto al azar.

Esto, claro, ha provocado que queden cosas fuera. El manga original cuenta muchas más historias y tiene muchos más personajes; pero no necesita más. El One Piece de Netflix concentra el arco del East Blue a la perfección en ocho episodios, y lo hace dejando claro que se trata de una aventura mucho más grande que está por venir… aunque sin asustar tanto como lo hacen los más de 1000 capítulos que tiene ya el anime.

Si de verdad Netflix sigue apostando por la adaptación en acción real y el público responde positivamente, hay esperanza. Puede que veamos muchas licencias y recortes, pero en general podremos ver una adaptación fidedigna de One Piece. Y no solo eso; sino que, como hemos visto con Buggy o Kuro, son capaces incluso de mejorar la ambientación de la historia para llevarnos a lugares nuevos sin cambiar lo esencial.

Un reparto inmejorable

Pero este es solo uno de sus puntos positivos. El mejor de todos es algo que ya veníamos anunciando desde hacía meses, y que ha resultado ser completamente cierto: el elenco principal es maravilloso. Iñaki Godoy ha nacido para ser Luffy, pero es que Taz Skylar parece que lo ha hecho para ser Sanji, Mackenyu para ser Zoro y Jacob Gibson para ser Usopp. Ah, y la mejor sorpresa de todo el reparto: Emily Rudd es una Nami tan increíble que incluso supera en emoción a la original.

Esto nos lleva a que ciertas licencias no sean un problema, sino algo positivo. El beso entre Usopp y Kaya, que Oda no se atrevió a materializar en el anime, por fin se lleva a cabo en la realidad. Y la sangre no solo no está censurada, sino que es un elemento más de la amenaza de los malvados. Porque sí; la serie no se corta a la hora de tener elementos de gore y terror, y sino que se lo pregunten a Kuro y a Buggy.

Las amenazas se sienten reales, y eso, por supuesto, se debe también al elenco. Los villanos son una delicia, y los actores que los interpretan están a la altura del temor que deben infundar. En ocasiones, y eso es uno de los aspectos negativos, palidecen bastante de parecer “cosplay”. Entre los tintes de pelo y las vestimentas literalmente sacadas del anime, a veces la dirección artística queda algo atrás. No obstante, no es nada que no pueda arreglarse en futuras temporadas.

Pero los actores no lograrían llegar a esta interpretación realista en un mundo surrealista si no fuera por la calidad de sus guiones. Sí, One Piece de Netflix es una serie muy bien escrita y que sabe cómo llegar a la emoción, la risa y el temor en cada momento. A ver, está claro que en muchas ocasiones puede ser algo infantil, pero es algo que también viene dado con el propio espíritu del manga.

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La fotografía Netflix vuelve a fallar

La dirección de los capítulos, no obstante, es algo que hay que remarcar a parte. Y es que tiene partes positivas y partes negativas. Pero, de nuevo, todo lo reseñable es algo que puede optimizarse en futuras temporadas y, si todo va bien, acabará refinándose.

La mejor parte de la dirección es la acción. Las escenas de combate son realistas, dinámicas, divertidas cuando deben serlo y feroces cuando la cosa se pone tensa. Es increíble ver luchar a Zoro y a Sanji, e incluso Nami saca sus mejores dotes de combate, sobre todo, en el primer capítulo. Por su parte, Luffy cumple como debe, aunque está claro que aún tienen algo de miedo en sacar el potencial de sus habilidades… el CGI es bueno y funciona, aunque a veces parece que falte algo más de confianza por parte del equipo técnico a la hora de mostrarlo en todo su esplendor.

Donde no brilla en absoluto la dirección es en la estética. Por una parte está el diseño de producción, funcional en los escenarios pero plano en la iluminación, y solo está bien jugado en las escenas nocturnas, que curiosamente hay mucho. Cuando todo está iluminado, básicamente, queda como un producto televisivo más que no llama la atención en absoluto.

Por otra parte está el uso de las ópticas. Por lo que han explicado desde Netflix, han creado una óptica especial para imitar viñetas del manga. Spoiler: sale mal. Los planos usados con esa óptica aberrante y que separa tantísimo el fondo del personaje, deformándolo de paso pero sin llegar a ser un gran angular, hace que la narración salga fuera de contexto. No solo no funciona, sino que parece algo amateur y que sin duda no está justificado con los 18 millones de dólares que ha costado cada capítulo.

Y finalmente está el gran problema de las series contemporáneas: la sobreplanificación. Hay demasiados cortes en cada escena, lo que no deja a los actores lucirse ni te coloca bien en el lugar en el que estás. El espectador, en ocasiones, se pierde entre tanto plano, y aunque sea algo que está hecho para no aburrir, a veces te lleva al borde de la epilepsia.

¿Qué pasará ahora?

En definitiva, podemos celebrar con felicidad que Netflix, por fin, ha cumplido con su palabra y nos ha brindado tanto a los fans de One Piece como a quienes no hayan descubierto aún el anime, un live action a la altura y que aúna a la perfección el espíritu de la obra de Eiichiro Oda. Han logrado, básicamente, lo imposible.

Pero claro, como bien sabemos todos, esto es Netflix y esto es One Piece. ¿Qué quiere decir que sea Netflix? Pues que no podemos asegurar que haya una segunda temporada por más que las críticas sean positivas. Con lo mucho que ha costado esta adaptación, deberá hacer una audiencia masiva para su renovación… y mucho me temo que seguirá siendo así temporada a temporada.

¿Y qué quiere decir que sea One Piece? Pues que, por más que hayamos visto un aperitivo de lo que se puede conseguir con esta adaptación, aún queda mucho pero mucho por adaptar. Y no solo es que sea mucho, es que lo raro viene ahora: desde un reno chibi hasta un esqueleto pasando por una especie de cyborg, los nuevos integrantes de los Sombrero de Paja serán muy llamativos. Y ya ni hablamos de los villanos.

Celebremos mientras podamos. Pero, aunque se haya ganado la batalla, aún no se ha ganado la guerra.

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Juan Carlos Saloz

Juan Carlos Saloz

Periodista cultural especializado en cine, series, cómics, videojuegos y todo lo que tus padres intentaban que evitaras en tu infancia. También director de cine en ciernes, guionista y liante profesional.

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