Crimson Desert: el primer gran open world de fantasía para disfrutar de la exploración más pura
Crimson Desert nos pone en la piel de Kliff, capitán de los Greymanes, una facción de mercenarios que sufre un ataque devastador de sus enemigos

- 24 de abril de 2026
- Actualizado: 24 de abril de 2026 a las 10:06

Pearl Abyss lleva años siendo conocida por Black Desert Online, uno de los MMORPGs más espectaculares visualmente de la última década.
Ahora, con Crimson Desert, el estudio coreano da un salto enorme: abandona el multijugador y apuesta por una aventura de un solo jugador en mundo abierto, con siete años de desarrollo a sus espaldas y unas expectativas que han hecho temblar literalmente la bolsa de valores de Seúl.
No os voy a engañar: el resultado no es el juego perfecto que algunos esperaban. Pero tampoco se merece el revuelo que han montado algunos al ver un 78 en Metacritic. Vayamos por partes.
Una historia que tarda en arrancar, pero que esconde más de lo que parece
Crimson Desert nos pone en la piel de Kliff, capitán de los Greymanes, una facción de mercenarios que sufre un ataque devastador de sus enemigos jurados, los Black Bears. A partir de ahí, la misión es clara: reunir a los supervivientes dispersos por el continente de Pywel, reconstruir la facción y vengarse de su líder, Myurdin. Hasta aquí, nada que no hayamos visto antes.
Hay que decir que Kliff es, para bien y para mal, el típico líder plano de la fantasía épica: gruñe, dice “Aye” cuando le cuentan que el mundo se acaba y no tiene el carisma de un Geralt de Rivia ni de lejos. La comparación con The Witcher 3 es inevitable en este apartado, y Crimson Desert sale perdiendo claramente en cuanto a construcción de personaje y profundidad narrativa.
Ahora bien, la trama principal me recordó mucho a lo que ocurre en la saga Dark Souls: está ahí, pero casi parece una excusa para ir presentándote el mundo y sus mecánicas.
El juego tarda MUCHO en desvelarte el cuadro completo, y eso puede llevarte a dejarlo antes de tiempo. Sería un error. Porque, como en Black Desert Online, que ya conocía de antes, hay un hilo conductor más profundo que el juego te va administrando con cuentagotas; un misterio que va creciendo a medida que avanzas y que, si tienes paciencia, empieza a cobrar una dimensión épica que no esperabas al principio.
No os voy a desvelar nada de eso. Solo os digo que merece la pena aguantar.
¿Cómo es luchar en Crimson Desert?
El combate es, sin ninguna duda, uno de los grandes argumentos de este juego. Es espectacular, físico, caótico en el mejor sentido de la palabra. Kliff puede encadenar golpes, agarrar enemigos, lanzarlos por los aires, darles una patada desde un salto o dejarlos aplastados contra una pared. Todo ello con una variedad de armas que va desde espadas y escudos hasta lanzas, alabardas, mosquetes o lanzacohetes. Sí, habéis leído bien.
Pero lo que más me ha sorprendido, y os puedo decir que no me lo esperaba así de bien ejecutado, es el sistema de aprendizaje de habilidades mediante la observación. Puedes copiar movimientos de enemigos poderosos simplemente viéndolos actuar en combate, y luego usarlos contra ellos. Es uno de los puntos más originales de Crimson Desert, y le da al sistema de progresión una capa de profundidad que invita a prestar atención a todo lo que pasa a tu alrededor en lugar de ir a saco.
Los enfrentamientos contra jefes son puro espectáculo. Algunos te matarán al instante la primera vez, como en Elden Ring, y entenderás que la solución no es la fuerza bruta, sino prepararte mejor: equiparte, farmear un poco, quizás hacer una misión secundaria para conseguir ese objeto que te faltaba. Hay picos de dificultad que pueden desquiciar, sobre todo si vienes de juegos más generosos con el jugador. Pero la satisfacción cuando por fin los superas es enorme.
Los puzles del Abyss, ese reino místico que funciona como capa secundaria del mundo, son otro punto a destacar. El juego no te explica casi nada, te lanza al foso y te deja pensar. En más de una ocasión tuve que buscar ayuda externa para resolverlos, y eso me alegra. Que un juego te obligue a rascarte la cabeza en lugar de darte la solución masticada es algo que se agradece.
Dicho esto, también hay que hablar de los problemas. Kliff se mueve como una roca enorme. No es que sea torpe exactamente, es que tiene una inercia a la que cuesta acostumbrarse, sobre todo al principio. El lag de input ha mejorado bastante con los parches (he esperado varias semanas para dar esta valoración definitiva y el juego está mejor), pero sigue siendo perceptible en ciertos momentos. Y la gestión del inventario, incluso con las actualizaciones, sigue siendo un lío considerable. Vender cosas a los mercaderes puede convertirse en una pesadilla burocrática que saca de quicio. Son problemas reales, no los voy a maquillar.
Mención aparte merecen las misiones secundarias. Las hay de todo tipo y algunas son auténticas joyas que te llevan a rincones del mapa que nunca habrías visitado. Pero también abundan las misiones de recadero más de lo que me hubiera gustado. Es el peaje que paga Crimson Desert por su herencia como proyecto nacido de un MMORPG.
El apartado gráfico: nueva generación en estado puro
Aquí es donde Crimson Desert pone la directa. Lo he jugado en PS5 Pro y os digo sin dudar que es lo más impresionante que he visto desde Red Dead Redemption 2, tanto en nivel de detalle como en coherencia artística del mundo. El motor BlackSpace que ha desarrollado Pearl Abyss desde cero es una barbaridad tecnológica.
Uno de mis momentos favoritos fue llegar a la primera gran ciudad del juego y darme cuenta de que está construida con una lógica medieval absolutamente coherente: la vida real, el comercio, el bullicio, todo ocurre abajo, a nivel del suelo. El castillo del señor está en lo alto, vigilándolo todo, como manda la historia. Esos detalles hacen que el mundo de Pywel se sienta VIVO de verdad.
Pero donde Crimson Desert me dejó sin aliento fue en la exploración. Aparece un interrogante en el mapa; te acercas y descubres un enorme pozo. Bajas, y dentro hay un mural. El mural esconde una habitación secreta. La habitación esconde un puzle cuyas pistas están repartidas por los alrededores.
Y al final del puzle, un arma nueva que no esperabas. Este tipo de descubrimiento en cadena, completamente orgánico, ocurre constantemente en Crimson Desert. Y cada vez que pasa, te dan ganas de seguir explorando indefinidamente.
El mundo es enorme y variado: planicies verdes, desiertos áridos, montañas nevadas, bosques densos, ciudades portuarias. Todo con un nivel de detalle que rara vez cae por debajo de lo sobresaliente. Es, sin exageración, uno de los mejores apartados gráficos que ha dado esta generación.
¿Y el apartado sonoro?
Aquí el balance es más desigual. Las voces originales cumplen, pero no destacan. En muchos momentos, los personajes suenan planos, sin la carga emocional que la situación pide. No es algo que rompa la experiencia, pero sí se nota si vienes de otros juegos de primer nivel.
La banda sonora, en cambio, es OTRA COSA. Dinámica, variada, perfectamente adaptada a cada momento y cada región del mundo. Es de esas bandas sonoras que te encuentras buscando en tu servicio de streaming al terminar de jugar.
La música ambiental hace un trabajo sobresaliente colocándote en el lugar y el momento exactos, y en los combates sube de intensidad de una forma que aumenta la adrenalina de manera natural. Un trabajo extraordinario que compensa con creces las limitaciones del apartado vocal.
Conclusión: Crimson Desert no es para todo el mundo, pero para el que es, es un juegazo
Si buscas un juego de digestión rápida con un argumento que te guíe de la mano y un protagonista carismático, Crimson Desert probablemente no sea para ti. La historia tarda en arrancar, Kliff no va a ganar ningún concurso de personalidad y hay sistemas que requieren paciencia y tiempo para dominar.
Pero si lo que buscas es dejarte llevar por un mundo de fantasía medieval de una riqueza visual y de contenido sin precedentes, hablar con los transeúntes, mezclarte entre sus gentes, explorar cada rincón del mapa con la certeza de que siempre hay algo nuevo esperándote al doblar la esquina, entonces Crimson Desert es exactamente lo que necesitas.
Pearl Abyss ha construido el primer gran open world de fantasía cuya razón de ser es la exploración pura. No el combate en sí, no la historia, no el protagonista. El mundo. Pywel. Y ese mundo es extraordinario.
Dale una oportunidad. Deja que te atrape a su ritmo. Y cuando lleves veinte horas dentro sin darte cuenta, ya me contarás.
Soy periodista con más de 30 años de experiencia en videojuegos y tecnología. Aunque mi especialidad siempre ha sido el videojuego, he empezado a disfrutar también de descubrir los laberintos de los programas de project management como Asana y las automatizaciones de make.com y de N8N
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