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Análisis de Snowrunner: Una gratificante experiencia todoterreno que te enfrenta a la naturaleza más sucia

No sé absolutamente nada sobre el mundo de los camiones. El pensar en invertir más de media hora en la carretera me produce ansiedad. ¿Mancharme de barro o de nieve? Ni me lo planteo, gracias. Entonces, si este es el panorama en mi vida, ¿por qué diantres estoy tan enganchado a Snowrunner, un juego en el que perfectamente puedo pasarme 10 minutos tratando de salir de una zona embarrada para caer en otra aún peor?

Snowrunner es una experiencia todoterreno en entornos abiertos en donde conducirás camiones y otra serie de vehículos para cumplir misiones aparentemente sencillas como transportar troncos, llevar una persona del punto A al punto B… Pero aquí, te enfrentas al mayor jefe final de todos los tiempos: la naturaleza inclemente y puñetera.

Si has jugado a Mudrunner, la anterior entrega de la misma desarrolladora, ya sabes a qué me refiero: cuestas embarradas que tirarán tu vehículo a no ser que lo vayas atando a árboles, ríos embravecidos que pueden llevarse tu mercancía, caminos angostos en arboledas opresivas donde no se ve un pijo de noche…

Esta entrega eleva el número de entornos y de problemas. Tienes 11 mapas repartidos en tres entornos diferentes. Los bosques otoñales de una región de Michigan que se ha visto afectada por una inundación. Luego tenemos Taymyr, una península al norte de Rusia con pantanos y barro, barro a raudales. Y finalmente tenemos la joya de la corona: Alaska.

Cuando empieces tu primera misión en la helada Alaska, Snowrunner te avisará de que estás a punto de enfrentarte a un reto más hostil y exasperante de lo habitual. No es broma. Si te encallas en el barro, al menos te has quedado quieto y tienes tiempo para analizar. No ocurre lo mismo con la nieve; esta se desliza, resbala, se derrite o cae en los momentos más inoportunos. Es súper habitual estar a punto de llegar a la cima, dar un paso en falso y ver cómo tu camión da piruetas hasta llegar abajo. Ah, y luego están los lagos helados, las dunas de nieve…

Todos estos problemas que te toparás en Snowrunner son, paradójicamente, emocionantes y divertidos. Para empezar, son obstáculos e inconvenientes atípicos. Estamos acostumbrados a enfrentarnos a dragones, o a gestionar civilizaciones antiguas o a dirigir tropas napoleónicas. El barro, la nieve, el agua… son “enemigos” originales que te obligan a pensar de forma diferente. Era novedoso al principio de la partida, y 25 horas después de empezar, aún lo sigue siendo.

Luego está el factor de la satisfacción. Llevas 30 minutos conduciendo por la nieve cuando, de repente, resbalas, pegas un vuelco y quedas boca-abajo. Todo parece perdido. Todos los esfuerzos anteriores parecen haber sido en balde. Te cabreas incluso. Pero entonces piensas precisamente en la media hora invertida. Decides jugártela: saltas a un vehículo que tenías en un garaje cercano, lo equipas con cuerdas y combustible de sobras, recorres otra vez el mismo camino (y descubres que el paso que creaste en tu primer recorrido te facilita el segundo), llegas a donde te habías encallado, atas el primer vehículo volcado al segundo, tiras, tiras, tiras durante minutos interminables y, de repente… ¡ha funcionado! Cierto, el motor está hecho una mierda, ¡pero puedes seguir tu misión!

Es en ese momento en el que entra en acción una sensación de euforia inimaginable. Una satisfacción tremenda, muy similar a la que sentimos en el “mundo real” cuando nos hemos enfrentado a una situación improbable y lo hemos logrado gracias al esfuerzo y al ingenio. Este emoción te ayuda a seguir conduciendo, aunque sabes que habrá más problemas, y muchos de ellos peores que el que acabas de sortear.

El increíble motor físico de Snowrunner añade un punto de fascinación, que te anima a seguir explorando aunque lleves mala racha con las misiones. El barro y la nieve se comportan con un realismo fascinante. Además, todos tus progresos por los mapas se quedan “guardados”. Pasa muchas veces por un camino embarrado y puede que lo dejes totalmente intransitable, obligándote a hacer un desvío. O puede que vuelvas a un mapa inicial y redescubras precisamente un atajo que creáis olvidado, y te embargue un poco la nostalgia.

Los paisajes también han sido recreados con mucho mimo y cuidado. Hay un toque Waldeniano en todo esto de recorrer bosques, lagos y cienagas. En ocasiones me he detenido solo para mirar mi alrededor. O he retrasado reiniciar misiones tras un gran fracaso para estar un rato tranquilo, simplemente mirando y aceptando que las cosas a veces no salen bien.

Aunque Snowrunner frustra, sabe cómo hacerlo: sin que sea injusto o un imprevisto. El juego te explica muy bien al inicio los controles, tus herramientas, cómo conducir… Es más sencillo de lo que parece. De esta forma, si fracasas es por tu culpa, porque no has reflexionado bastante, porque te has apresurado, porque no has usado tus herramientas, porque has escogido el camión equivocado para la tarea… Como resultado, te enfadas, claro, pero aceptas la derrota, aprendes y poco a poco descubres que ya no repites errores y que las partidas son más fluidas.

Finalmente, Snowrunner tiene un componente de exploración sorprendentemente similar a Breath of the Wild. Muchas veces, el paisaje mismo es la recompensa por salirte de la tangente. Pero a veces encontrarás misiones escondidas o retos curiosos como desafíos de velocidad o de escalada. Superar estos retos tiene premio: piezas o accesorios con los que actualizar tu vehículo.

Si buscas una experiencia diferente, lenta, laboriosa, injusta, intensamente gratificante, creativa y con una suciedad orgánica la mar de hermosa, Snowrunner te encantará. Tras pasarte una hora solo para entregar un tronco por la ciénaga rusa, pisarás el barro en la vida real con una perspectiva diferente. Y, cuando te bloquees en general en tu rutina diaria, puede que descubras una paciencia o un tesón que desconocías tener.

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