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Análisis de Planet Zoo: El gestor de zoológicos virtuales definitivo

Planet Zoo es el gestor de zoológicos virtuales definitivo. Es tan complejo como se puede esperar de un título de este género, pero con la belleza, la majestuosidad y el realismo del reino animal. Añadimos el estilo visual amable y cercano al que Frontier, su desarrolladora, nos tiene acostumbrados, y la promesa de las posibilidades infinitas gracias a la comunidad de usuarios, herencia de Planet Coaster, y tenemos una propuesta que te va a costar un montón dejar de lado.

Si precisamente vienes de Planet Coaster, a primera vista creerás que estás ante una capa de pintura. La interfaz, los controles para controlar la cámara, las herramientas de construcción, la estética, los informes con sus barras verdes, rojas o granates… Muchos elementos vienen del título anterior de Frontier. Pero esta sensación de familiaridad desaparece cuando, nada más empezar en juego, entra a escena el gran elemento diferenciador: el principal atractivo de tu zoo se mueve, tiene alma… ¡y necesidades!

Los animales son las grandes estrellas de Planet Zoo. Tienen un aspecto formidable, y sus movimientos hipnotizan. He “invertido” mucho tiempo en mis partidas viendo a una jirafa masticar u observando a cachorrillos jugando entre ellos, en lugar de ocuparme de mis tareas de gestión y construcción.

Tienes 70 y pico animales por escoger, con una victoria destacable por parte de los mamíferos. Hay reptiles. Hay pájaros. Pero no hay peces. Espero que algún futuro DLC los añada.

He aprendido un montón sobre todos estos animales gracias a la Zoopedia, una enciclopedia integrada en Planet Zoo con más de 30.000 palabras. Lo destacable es que el juego no me ha obligado a leer la Zoopedia; la he estudiado voluntariamente para entender mejor a mis animales. Y es que acabas creando un vínculo especial con ellos porque su bienestar es incluso más importante que el resto de elementos a gestionar.

Las montañas rusas de Planet Coaster no tenían vida. No tenías que vigilar que estuvieran estresadas o tristes. En Planet Zoo, es importante que el hábitat de tus animales sea el adecuado, que tengan suficientes estímulos para jugar o para comer, que se lleven bien con las otras especies de su hábitat, que sus “casas” estén apartadas de la vista del público… Hay un sinfín de variantes a tener en cuenta para asegurar que los animales estén contentos o alegres. Al principio vigilaba bien los diferentes medidores de bienestar porque un animal triste provocará las protestas del público. O no pondrán dinero en la caja de donativos. Y eso es terrible para el negocio. Pero al final, al trabajar tan cerca de ellos, me preocupaba genuinamente por mis gorilas, tigres o arañas. Cuando todas estas criaturas estaban al fin felices, era genial reposar un rato y verlos jugar, comer, aparearse…

El recién descubierto amor por el mundo animal también afectó mi uso del Mercado de Animales. Para evitar que compres animales al tuntún, como si de muebles se tratasen, tienes una lista de especies disponibles que va oscilando con el tiempo. Y no hay dos animales de una misma especie iguales: tienes factores como la edad, el género, la genética, el nivel de inmunidad a enfermedades… Admito que, al principio, cuando estaba en plan “dueño de zoo déspota”, compraba animales que tuvieran una tasa de fertilidad elevada y fueran jóvenes. Ahora, adopto animales “débiles”, con tendencia a enfermar, para curarlos, o libero animales en peligro de extinción una vez contentos. Planet Zoo te incentiva con más recursos, claro, pero también he notado calorcillo en mi corazón de gerente.

Tal vez haya también algo de masoquismo en este corazón, porque mis momentos más divertidos en un juego de gestión ocurren cuando todo va mal. Uno de mis puntos álgidos de Planet Zoo fue cuando se me olvidó crear un muro lo suficientemente alto y se me acabó escapando un tigre. Me quedé embobado viendo cómo el público reaccionaba con una histeria realista, y cómo el animal parecía realmente salido de su jaula. Admito que salvé la partida y, oooops, ¿pero qué ha pasado?, ¡si “misteriosamente” han escapado muchos de los animales! Fue un caos, una pesadilla, sí, pero tan bien simulada, tan espectacular… Admito que, de tanto en cuanto, cuando he conseguido controlar a la perfección un zoo, salvo la partida y… que comience el caos de nuevo.

Te recomiendo que lo hagas. Puedes hasta reír malignamente como si hubieras planificado al detalle esta rebelión zoológica.

Uno de los pocos inconvenientes que me he encontrado en Planet Zoo es su larga curva de aprendizaje. El Modo Carrera es básicamente un tutorial encubierto de 12 niveles en donde se te dan retos en zoo pre-construidos con una progresión muy, muy, muy lineal. Puedes pensar erróneamente que todo el juego será así. Todo lo contrario: una vez superado este Modo, empieza el juego de verdad. Su Modo Desafío te invita a volver a estos parques y superar una serie de desafíos infinitos. Y su Modo Sandbox es una maravilla, el modo en el que dedicarás el resto de tus horas (y el resto de tu fin de semana).

La libertad que te ofrece el Modo Sandbox es grandiosa, incluso abrumadora al principio. ¿Quieres construir un zoo por niveles? Adelante, tienes las herramientas. ¿Quieres montarlo en medio de la sabana africana? Nadie te detendrá. ¿Un refugio para los Osos Panda en Asia? Saca el arquitecto oriental que sacas dentro. Cuando empiezas a construir el zoo de tus sueños, entiendes que el largo tutorial era necesario para entender cómo funciona la electricidad, cómo funcionan los visores térmicos, cómo alterar el terreno…

No solo el sistema de construcción es asombrosamente complejo. Supervisar a un animal, colocar la caja de donativos en el mejor lugar… todo forma parte de un cúmulo de capa y capas de gestión donde un cambio afecta todo lo demás para bien o para mal. El tutorial también te prepara para ello, de forma que llegas a amar todos estos retos. Hay una excepción por eso. Un bache en el camino.

Hay un gran “pero” dentro de este largo tutorial. El 4º nivel. Hasta ese momento, el juego te ha enseñado cómo construir tus primeros hábitats, cómo controlar el bienestar de los animales, el papel de tus empleados… De repente, el cuarto nivel te presenta una explanada y el juego te reta a construir un zoo desde cero y a conseguir que dé beneficios. Planet Zoo aún no te ha enseñado algo de esta envergadura y como consecuencia aparecen las dudas, los nervios… Es como si se hubiese perdido un nivel intermedio. Es el único detalle discordante dentro de la curva de aprendizaje.

Por suerte, si en ese nivel no se te ocurre nada por construir, la comunidad de usuarios ya ha compartido suficientes creaciones como para aliviar tu carga.

Al igual que con Planet Coaster, la comunidad va a tener un enorme papel para alargar la duración del juego. En apenas unos días después del lanzamiento, tenemos en Steam maravillas como este zoo montañoso…

… un zoo que es mitad parque de atracciones con su recorrido narrativo en trenecito…

… o un zoo privado en una residencia muy de campiña británica.

Ya hay primeros intentos de crear retos adicionales, “packs de iniciación” para ayudar a los jugadores menos diestros con la arquitectura… Todos son indicadores de que siempre vas a tener alguna genialidad de los fans que te mantendrá más horas en tus zoos.

Planet Coaster ya me cautivó en su día. Pero Planet Zoo no solo me ha enganchado; me ha enternecido, incluso me ha cambiado. Me preocupo de mis animales, aprendo sobre ellos por pasión… hasta me planteo perfeccionar mi zona para reptiles para colgarla en Steam y así echar una mano a los usuarios con problemas para construir. A nivel de mecánicas, Frontier ya hacía tiempo que había dominado este género. Con Planet Zoo, lo ha perfeccionado.

Planet Zoo está disponible desde el 5 de noviembre para PC.

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