Otro Zelda en estado puro

Tras Phantom Hourglass, The Legend of Zelda regresa a DS con otra aventura repleta de enigmas, acción y mucha magia

Nintendo sabe que apostar por sus clásicos es casi siempre garantía de éxito. Las sagas Mario y Zelda llevan un cuarto de siglo dando guerra y no parece que vayan a dejar de hacerlo. Prueba de ello es The Legend of Zelda: Spirit Tracks, que nos llega tras el exitoso debut de la saga protagonizada por Link en DS.

Dada la buena acogida de The Legend of Zelda: Phantom Hourglass, es normal que para la segunda entrega de la saga para la portátil se haya optado por el continuismo. Así, si ya jugamos a Phantom Hourglass, pocas cosas nos resultarán nuevas en esta nueva entrega. Sin embargo, esta sensación no tiene que ser mala si estamos ante un gran juego, como es el caso.

Una historia fantástica

Hemos tenido que esperar al lanzamiento del juego para saber los detalles más importantes de la trama de Spirit Tracks, y es que Nintendo es experta en el secretismo en sus juegos.

Esta segunda incursión de la saga de DS nos conduce hasta la misma línea temporal de Phantom Hourglass, sólo que ha pasado mucho, mucho tiempo. En esta ocasión el joven Link (aunque podremos ponerle el nombre que queramos) va a ser nombrado maquinista oficial del reino por Zelda, la princesa de Hyrule. Y es que en este mundo de fantasía el tren es un elemento muy importante, pues es el medio de locomoción para moverse por todo el territorio y las vías por las que se desplaza son sagradas, pues fueron creadas por los dioses en tiempos inmemoriales.

Pero tras la ceremonia, Zelda y Link descubren que el ministro del Reino, Makivelo, no es lo que parece. Así, se trata de un demonio que quiere hacerse con el poder y, para empezar rompe el equilibrio del Reino, haciendo que la Torre de Almas y las vías sagradas desaparezcan a trozos. Además, robará el cuerpo de la princesa Zelda. Por suerte, no se hará con su alma, que sólo verán Link y otros pocos.

Tras este incidente, Link y la princesa Zelda irán en busca de la ayuda de la maestra Radiel, perteneciente a una saga de sabios, los Lokomo. Siguiendo sus consejos su misión consistirá en ir recuperando el equilibrio del reino de Hyrule, hacer que los planes de Makivelo no se cumplan y, claro está, recuperar el cuerpo de Zelda para que vuelva a ser la de antes.

Como veis, lo que se cuenta en Spirit Tracks es una historia típica de la saga, con la clásica lucha entre el Bien y el Mal. No os esperéis una gran trama, en este sentido esta aventura de Zelda es de las que tiene un argumento más sencillo, pero sí una gran diversión.

Una aventura de dos

En esta ocasión la princesa Zelda tiene más protagonismo que en otras entregas de la franquicia. Así, no se limita a ser personaje secundario, si no que acompañará a Link a lo largo de su aventura.

Al ser un espíritu, en muchos momentos viajará “escondida” dentro de nosotros, pero en otros será necesaria para avanzar. Y es que al no tener corporeidad, podrá “introducirse” en otros cuerpos, una de las grandes novedades de la saga.

Los espectros, que aparecían en Phantom Hourglass, son aquí guardianes de los templos a los que accederemos y, por tanto, enemigos nuestros. Pero Zelda tendrá la habilidad de poseerlos en determinados momentos, por lo que desde ese momento los controlaremos a voluntad.

De esta forma, en este Zelda se incluye la novedad de dirigir a otro personaje dibujando en la pantalla su recorrido. Una funcionalidad así es perfecta para DS, pues con el stylus resulta muy fácil y precisa realizarla.

Además, es una bocanada de aire fresco a las jugabilidades en las que el protagonista va acompañado de un personaje de apoyo, que se limita a seguirnos y a atacar sin demasiado sentido. Aquí deberemos usar cierta estrategia y planificación para sacar provecho de nuestra aliada.

Puzles y mazmorras

Como juego clásico de la saga, en Spirit Tracks no pueden faltar los puzles, presentes en todo el juego. Así, en esta entrega, gran parte del juego nos lo pasaremos recorriendo mazmorras, con lo que eso conlleva.

Los puzles del juego están perfectamente integrados con el resto, y aunque la mayoría tienen el mismo funcionamiento (activar esferas, pulsar interruptores, encontrar llaves para abrir puertas…), todo lo que hay que hacer para irlos resolviendo hacen que estas fases de mazmorras no se nos hagan repetitivas.

Y es que no faltarán las estructuras laberínticas, las escaleras y las trampas que no son lo que parecen. Con todo ello, la dificultad de estos puzles es la justa, ni muy fáciles ni endiabladamente difíciles, tan sólo pequeños retos de lógica asequibles para todo el target al que va dirigido este juego.

Las fases de mazmorras se complementan con pequeños enemigos que nos pueden servir para recuperar vidas (los clásicos corazones de la saga Zelda,), ganar rupias, la moneda del juego, o incluso usarlos como activador de algún puzle.

Una ayuda extra, y a veces necesaria, para superar estas mazmorras la encontramos en los diferentes objetos especiales que iremos consiguiendo a lo largo de la aventura. Una de las novedades más interesantes en este aspecto es el vórtice del viento, una herramienta que nos obligará a usar el micrófono de la DS soplando; sin duda una manera efectiva de introducir otra de las funcionalidades de nuestra portátil.

Luchando contra colosos

Los enemigos finales de cada fase también tienen todo el espíritu de la saga Zelda, y de los juegos clásicos de Nintendo en general. Así, para combatir con ellos hay que estudiar sus debilidades, aprovechar para atacar los momentos en que él no lo hacen y, por descontado, usar en su contra los “hijos” o armas que lancen.

Aunque es una jugabilidad típica, jamás ha dejado de ser emocionante. Y más en un entorno 3D donde el movimiento no está tan limitado como en las 2D.

Además, las luchas con estos malos finales lucen diferentes al resto del juego. Si en las partes de puzles y mazmorras la pantalla superior se usa como mapa y en la inferior hay la zona de juego, en las peleas con los jefes estos ocupan las dos pantallas, luciendo como auténticos colosos y haciendo que la zona de juego se amplíe, aunque nosotros sólo podamos movernos en la pantalla táctil.

El tren legendario

Una gran novedad en Phantom Hourglass fue el uso del barco como medio de locomoción. A priori, el tren de Spirit Tracks parecía más de lo mismo, pero lo cierto es que se amplía la jugabilidad. Esta opción ha sido bastante criticada por algunos usuarios, pero lo cierto es que no acabamos de entender el porqué.

Los viajes en tren en el juego son cortos pero intensos y más que una manera de movernos de un escenario a otro. Así, viajar en el tren es un minijuego en sí mismo en el que habrá que evitar enemigos u otros trenes que querrán precipitarse contra el nuestro. Para ello, en ciertos momentos hay que cambiar la ruta prefijada e improvisar sobre la marcha para no acabar hechos pedacitos.

No se trata de un minijuego especialmente emocionante, pero tampoco molesta, y el cuidado estético que se ha tenido al realizarlo merece la pena, con un cambio de perspectiva de lo más interesante. Además, tiene sentido con toda la trama del juego, que en parte gira entorno a ir recuperando las vías sagradas que han desaparecido literalmente del mapa por culpa de las malas artes de Makivelo.

El multijugador: un pequeño extra

El multijugador en The Legend of Zelda: Spirit Tracks es anecdótico, aunque no por ello hay que dejar de comentarlo. Se trata de un duelo en el que hasta cuatro jugadores deberán recopilar el mayor número posible de gemas mientras atacan al contrario o le lanzan trampas. Nada novedoso, un multijugador inalámbrico al más puro estilo Nintendo, pero que como extra es más que acertado.

Igual que el modo de Trueque, que nos permite cambiar tesoros –es decir, objetos que vamos recopilando como collares, panales con abejas…- con nuestros amigos. Algo secundario, pero que en determinados momentos de la aventura nos puede resultar útil.

Acción táctil

El control gracias al lápiz táctil no podría ser mejor. A veces nos quejamos de algunos juegos de DS en el que el control táctil del personaje no es tan preciso como cabría esperar. Esto no pasa en este Zelda, donde Nintendo ha cuidado al máximo todos los detalles.

Si ya jugamos a Phantom Hourglass, aquí vamos a ver el mismo control. Con el stylus podremos realizar todas las acciones típicas de un juego de aventuras: mover al personaje, atacar, recoger objetos… La novedad viene dada por el control del compañero, que funciona perfectamente. Así, dibujaremos el trazo por donde queremos que se desplace Zelda y pocos errores veremos al respecto.

Lo mismo con los recorridos del tren. Podemos señalizar las vías por donde nos moveremos y así nuestra locomotora hará el trayecto automáticamente, aunque en la mayoría de casos deberemos variar la ruta manualmente en algún punto pues nos encontraremos con locomotoras que vienen en contra dirección o con algún monstruo que pretende atacarnos.

Además del stylus, en esta entrega cobrará también mucha importancia el micrófono. Especialmente deberemos soplar en muchos momentos, ya sea para manejar el útil vórtice del tiempo o tocar una flauta sagrada que será útil para solucionar algunas misiones.

Un Zelda infantil pero con la calidad de siempre

Este Spirit Tracks es un Zelda en toda su esencia. Los mundos y personajes que se presentan son los propios de la saga, plagada de lugares mágicos y seres de razas muy distintas.

A diferencia de otras entregas, eso sí, retorna la estética infantil que vimos en Phantom Hourglass de DS o antes en Windwalker de GameCube. Zelda y Link tienen aquí aspecto de niños y los demás personajes también gozan de aspecto amable y hasta caricaturesco, incluso los malos de la función.

Esto es quizás lo que puede echar para atrás al jugador más adulto, pero cabe decir que en cuanto a jugabilidad y dificultad estamos ante el Zelda de siempre.

Por lo que respecta al aspecto gráfico Spirit Tracks es de lo mejor que podemos ver en DS. Los escenarios están hechos en un correcto 3D, y los personajes están diseñados en un atractivo cel shading que no desentona nada con el resto.

Respecto a las escenas cinemáticas, también en 3D, mantienen el nivel de calidad del resto del título. Sí, lo cierto es que apenas se aprecia la mejor gráfica de este juego respecto al anterior de DS, pero aquel ya era gráficamente muy bueno y apuraba al máximo las prestaciones de la consola, por lo que no hay mucho que objetar.

El apartado sonoro también es muy propio de la saga Zelda. No faltará la melodía principal de toda la franquicia, así como muchísima música ambiental que no aburre y que mantiene en todo momento el tono épico y aventurero.

Los personajes no tienen voces, tan sólo algunas onomatopeyas. En el caso de Zelda y Link son vocecitas infantiles que, personalmente, nos han parecido un poco irritables (por suerte, no se utilizan mucho).

Cuando el continuismo no es malo

Se nota todo el empeño y cariño que Nintendo ha puesto con The Legend of Zelda: Spirit Tracks. El juego tiene concentrado lo mejor de la saga Zelda, y apenas hemos detectado errores, bugs u otros problemas que le quiten jugabilidad al título.

Sin tener una historia en exceso original, el juego nos mantiene atentos y con más y más ganas de superar mazmorras y jefes finales, pues las peleas y los puzles son indudablemente muy divertidos.

La inclusión del tren en esta entrega nos parece acertada, ya que está muy justificado con la historia, y es una nueva jugabilidad que, sin ser en exceso original o emocionante, rompe con la monotonía que podrían suponer -aunque no lo hacen- las muy habituales mazmorras.

Aunque sin duda la novedad más interesante es la que nos permite tener un compañero de fatigas al que poder controlar en todo momento. Gracias a una buena programación y al uso adecuado que se hace del stylus, resulta un gran añadido.

En conclusión, este Zelda es continuista, mucho, de su predecesor. En otros títulos podría tratarse de un handicap, pero dado que Phantom Hourglass fue un Zelda a la altura de toda la saga, francamente entretenido y con una estética genial, que encontremos muchas cosas parecidas en Spirit Tracks es más una bendición que otra cosa.

Además, las novedades que se presentan son buenas, en especial el control del personaje secundario, que hace que las fases en mazmorras sean más divertidas e ingeniosas.

Así, Spirit Tracks es una apuesta segura de cara a regalar o regalaros estas fiestas, pues esta nueva entrega de las aventuras de Link y Zelda mantiene el nivel de casi toda la saga con una puesta en escena y una jugabilidad excelentes, algo que no siempre abunda en los juegos de la pequeña consola de Nintendo.

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