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Análisis de Last Labyrinth: Una Escape Room VR que te mantendrá literalmente pegado a la silla

Last Labyrinth es una genial aventura VR que combina puzles, horror y conexiones humanas. He quedado fascinado con los acertijos que me aguardaban y mi cuerpo se ha puesto en tensión en numerosas ocasiones. Pero el gran éxito del juego ha sido lograr que considerara a Katia, mi compañera en esta historia, como un ser vivo que realmente tenía delante, ayudándome en todo lo posible. Me daba miedo obligarla a accionar ciertos interruptores, sabiendo que podría morir en el intento. Y admito que alargué la mano en más de una ocasión para tratar de salvarla.

Y es que Katia, y el misterioso personaje que encarnamos, morirán muchas, muchas veces en Last Labyrinth.

La aventura da comienzo contigo despertando en la habitación de una extraña mansión que parece haber sido diseñada por el tío de Saw. Estás inmovilizado en una silla de ruedas. Solo puedes activar un láser instalado en tu cabeza. Y puedes mover la cabeza. Apunta a la lámpara, única fuente de luz del lugar, y una manita emergerá de la penumbra para tirar del cordel y alumbrar la sala. Se trata de Katia, una misteriosa niña que habla otro idioma. Ambos estáis atrapados y os necesitáis para escapar: tu dirigirás a Katia a objetos o lugares con el láser, y ella interactuará con el entorno y empujará tu silla cuando hayáis desbloqueado la puerta de turno.

A efectos prácticos, Last Labyrinth es como una Escape Room a gran escala. Entras en una nueva sala, analizas el entorno para descubrir los elementos principales, y usas a Katia para darle a las palancas, empujar las cajas… hasta dar con la solución. Lo que diferencia este título de otros similares es su extraña mezcla de angustia y humanidad.

Al empezar la partida, el juego te recomendará que tomes asientos, pongas tus manos sobre tus muslos y no las muevas de ahí. De esta forma, realmente sientes que estás atrapado, que tus movimientos están limitados, que necesitas a Katia.

Por otro lado, las pruebas, las trampas, y el misterioso ser llamado Phantom… todo en esta mansión ha sido pensado para torturaros hasta morir. No quiero destripar demasiado las consecuencias de fallar durante la resolución de un puzle. Solo diré que hacía tiempo que no veía tortura tan gráfica y explícita en un videojuego. Como consecuencia, aunque evidentemente nada de esto es real, el peligro te mantiene en una tensión constante y hace que tiembles de los nervios cada vez que obligas a Katia a darle a un botón o a una palanca. Pero precisamente en Katia se esconde el otro lado del juego.

Cada vez que Katia explora una sala con curiosidad, cada vez que se salva por los pelos de una muerte segura, cada vez que sonríe cuando habéis logrado abrir una puerta… Ella es la embajadora de la esperanza en Last Labryinth, y el misterio que envuelve sus orígenes te empujará a terminar la aventura y explorar todos los finales posibles. Y es que hay diversas rutas a explorar, con puzles diferentes y diferentes retazos del enigma que es Katia.

Si buscas una aventura al estilo Escape Room y te va lo siniestro, lo cruento, Last Labyrinth es la experiencia VR que estabas esperando. Su premisa, la idea de estar atrapado en una silla, la ambientación, los puzles, el peligroso Phantom… Todo está preparado para que pases uno de los malos ratos más jugosos de tu experiencia como gamer. Va a ser difícil, va a ser doloroso. Vas a morir infinidad de veces y, cuando todo parezca que haya terminado, volverás a meterte de lleno en la pesadilla. Pero hay que hacerlo por Katia. Por ella merecerá le pena.

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