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¿A qué se debe la ola de despidos en las empresas tecnológicas?

¿A qué se debe la ola de despidos en las empresas tecnológicas?
Pedro Domínguez Rojas

Pedro Domínguez Rojas

Los últimos meses han sido catastróficos para los trabajadores de las grandes empresas tecnológicas. Gigantes del sector como Meta, Microsoft, Twitter, Spotify, ByteDance o, más recientemente, la propia IBM anunciaron despidos de muchos de sus departamentos. Empresas que, ante la llegada de la COVID-19, contrataron a un gran número de personas para reforzar sus servicios online, pero que, más de 2 años después, se deshacen de ellos sin que haya, aparentemente, ningún motivo.

Aunque algunos puedan imaginar que los tiros vayan por aspectos económicos (es decir, son empresas, ganar dinero es lo suyo), lo cierto es que, más allá de la situación especial de Twitter, antes y después de la llegada de Elon Musk, los gigantes tecnológicos no están ni remotamente cerca de la bancarrota. Entonces, ¿qué estaría motivando los despidos?

¿Los despidos son rentables a largo plazo?

The Verge ha tenido la oportunidad de entrevistar al vicedecano de la Escuela de Administración y Dirección de Empresas Sloan del MIT, Michael Cusumano, que afirma que los inversores estarían mostrándose muy cautos en estos meses debido a que las empresas tecnológicas no se hallan actualmente en un periodo de crecimiento.

En este contexto, las empresas, que suelen llegar a tener cientos de miles de millones de dólares en reservas que no se utilizan para realizar operaciones de ninguna clase, suelen ofrecer cuentas de resultados a sus inversores donde lo más normal es medir el valor de la empresa partiendo de una simple fórmula: ingresos por empleado.

¿Qué ocurre? Que al estar en un periodo donde hay menos ingresos (que no pérdidas), pero se mantiene el número de trabajadores, la ratio se descompensa de cara a los inversores. Cusumano dice que las empresas llegan a manejar mínimos de hasta 300.000 dólares por empleado, y que, cuando la cifra comienza a ser inferior, a las empresas “les empieza a preocupar que tengan demasiados empleados. Así que es algo que la gente mira anual o incluso trimestralmente”.

A pesar de que las indemnizaciones por despidos (que en algunos casos llegan a las decenas de miles de empleados en todo el mundo) pueden ser milmillonarias, la teoría de dichas empresas dice que a largo plazo sería rentable, debido a que los costes continuos asociados a esos trabajadores serían mucho menores.

Una teoría con una base algo cuestionable

El problema de toda esta situación, de cara a los trabajadores, es que no hay una base sólida que avale esta teoría financiera de los despidos. Según Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, las grandes empresas tecnológicas estarían limitándose a “copiarse unas de otras”, sin pararse a pensar o estudiar qué podrían hacer para mejorar sus balances.

Y es que, según afirma el profesor a The Verge, muy pocos estudios avalan esta teoría de la rentabilidad basada en los despidos. Es más, con la actual estrategia las empresas no estarían precisamente “aumentando” sus ingresos: “A menudo, las empresas no tienen un problema de costes, tienen un problema de ingresos. Y recortar empleados no aumentará sus ingresos. Probablemente los reducirá”.

Lo que sí está probado es que los despidos matan literalmente a la gente, según una investigación realizada por Pfeffer. Al realizar despidos masivos, entre los que se encuentran personas de avanzada edad, padres de familia con hijos, profesionales que aún pagan las tasas universitarias, etc., las empresas generan mucho estrés y desánimo tanto en los despedidos como en los empleados que continúan (muchas veces con cargas superiores de trabajo).

Una situación que puede conllevar una disminución considerable de la productividad de las compañías (agravado más aún por los problemas psicológicos derivados), que perderían ingresos a la larga, y que incluso aumentaría las posibilidades de que alguien se suicidara.

Una situación que se escapa de toda lógica y base moral, y que tiene lugar (por desgracia) en un mundo donde los altos ejecutivos de las grandes compañías no invierten mucho tiempo en pensar y, en circunstancias como esta, se limitan a copiar lo que hacen los demás. “La gente hace todo tipo de estupideces constantemente. No sé por qué esperarías que los directivos fueran diferentes”, dice Pfeffer.

Pedro Domínguez Rojas

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